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lunes, 27 de julio de 2020

Telar

El Telar de la Abuela Danesa




En enero de este año 2020, después de la temporada de navidad, que es la de más trabajo para los artesanos, teníamos que ponernos manos a la obra, para concretar todas las ideas de Hilos de la Memoria, empezaba la cuenta atrás para la inauguración de la exposición el 6 de marzo, menos de dos meses para ejecutar todo el proyecto y tener todo listo para llevarlo a la sala en los días del montaje.



Estábamos nerviosos, porque habíamos hablado mucho de las ideas, lo tenía todo escrito en el ordenador y cada cosa que comentábamos la actualizaba y la compartía con Ana, quien también apuntaba en su cuaderno. 


Teníamos que ponernos manos a la obra, era el momento para pasar la mayoría de las ideas a la realidad, y tenía que ser durante esos dos meses, a dedicación exclusiva, porque era mucho trabajo y hasta que cada idea no la concretáramos, y estuviera lista, tenía la sensación de que no iba a salir, pero eso lo pensaba yo para mi, cara a los demás trataba de ser optimista y transmitir una visión positiva, aunque los nervios eran inevitables.



La conexión total llegó, con claridad de los objetivos, la motivación tan grande para llevarlos a cabo y la dedicación exclusiva al proyecto, que me llevaron a alcanzar el flow, y la felicidad de hacer algo que realmente deseaba hacer, pero ya de todo eso escribí en otra entrada de este blog, si no lo han leído aquí les dejo el enlace



Si algo tenía claro desde el primer momento es que los tapices de Ana debían tener un espacio en la exposición, porque aunque no tienen nada que ver con lo que hacía mi madre, el trabajo con telares forma parte también de esas labores tradicionalmente femeninas, además los de Ana son únicos, muy originales y con mucha personalidad, como los pueden ver aquí en las fotos, y como se ven, aún mucho mejor, si visitan la sala de exposiciones. 
Están ubicados en los espacios marcados con verde en el plano.




Son piezas pequeñas, hasta la fecha Ana había tejido la mayoría de los tapices aquí expuestos, en un igualmente pequeño telar vertical, casero, que hizo manualmente.




Un telar María

Sorprendentemente en esos días, a mediados de enero, una vecina publicó en el grupo de Facebook 'Valdemorillo Al Día', que regalaba un telar pequeño. Miguel vio el anuncio en el mismo momento que lo publicó, me avisó, me puse en contacto con ella y le dije que iría a buscarlo esa misma tarde.



Fui a una casa en el pueblo, la vecina que me regaló el telar es una señora joven, se llama Mona, me lo entregó desarmado, porque lo había tenido colgado en una pared, también me dio las lanzaderas, todas con hilos, que quien sabe desde cuando estarían puestos ahí.
Me dijo que era antiguo, que había sido de su abuela, que era danesa, y el telar había venido desde Dinamarca, no lo usaba y no tenía donde tenerlo.


El origen del telar lo confirma la placa que tiene, que dice que lo hizo el ebanista llamado Thorkild Nielsen, de la Escuela Vaeven, de Valby, en la región capital.


Ana tenía muchas ganas de telar, apenas se lo dejé por la noche en su taller y al día siguiente que fui ya lo tenía armado y con una urdimbre hecha y había empezado a tejer, estaba encantada y yo más.
Aunque es pequeño, para poner en una mesa, de los que llaman telar de peine rígido o telar María, pero es más grande y más práctico del que venía usando.




Teníamos otra hermosa historia para contar en 'Hilos de la Memoria', el de 'El Telar de la Abuela Danesa', otra mujer que seguramente dedicó muchas horas a tejer en ese telar.
Para presentar el telar en la exposición, Ana movió la urdimbre de la primera pieza que había empezado, para abrir espacio y poder empezar otra más grande.


Y así luce en la sala de exposiciones, le había dicho a Mona que el telar de su abuela seguramente formaría parte de la exposición que estabamos preparando y llegada la fecha le avisé, fue a la inaguración y estuvimos hablando con ella. Estaba contenta de que el telar de su abuela hubiera ido a parar a buenas manos y que luciera tan bien en nuestra expo. Gracias Mona.




Todas las piezas que muestro aquí fueron realizadas por Ana, le gusta mucho mezclar materiales y experimentar, pero yo también había usado un telar como el de la abuela danesa para hacer el tapiz de la foto que muestro a continuación y que también está en la exposición. Como he pasado muchos días en ferias de artesanía, en una oportunidad había un taller en vivo, no había público y era al lado de mi puesto, así que me puse a que me enseñaran, me encantó, la compañera me dijo que que facilidad tenía y de ahí salió esta pieza que también está en 'Hilos de la Memoria'.




Así que ya tenemos telar, es pequeño, pero con muchas posibilidades, y que además tiene historia y eso nos encanta. Nos hace mucha ilusión experimentar, un nuevo proyecto, algo tan antiguo como tejer puede ser ilusionante, muy novedoso y desde luego lo que salga será original, único y exclusivo, para seguir hilando nuevas memorias.


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La sala cuenta con las medidas sanitarias reglamentarias, para visitas en horarios y grupos reducidos. Hay que pedir cita previa en el número de teléfono 91 897 76 15 o escribiendo a la dirección de correo electrónico cultura@aytovaldemorillo.com.




Lo más emocionante de todo este proceso es cuando los visitantes, en vivo o virtuales, nos cuentan sus propias memorias.

Hasta luego y ser felices,

Reinaldo Zamora Pérez




domingo, 3 de mayo de 2020

Nadie Quiere el Ganchillo de las Abuelas

Labores de Madre

Mi madre, dejó montones de piezas tejidas al ganchillo por ella, esos ganchillos son el punto de partida de 'Hilos de la Memoria', además de Ana del Burgo y mi persona, también Milagros Pérez Carballo, nombre de mi madre, es co-autora de la exposición, su nombre no aparece en el cartel, pero si su foto, porque un gran porcentaje de obras e instalaciones están realizadas con ese material que ella dejó.

Cartel de la exposición, la señora simpática de la foto es mi madre, Milagros.

Yo no sabía tejer, intenté aprender varias veces con mi madre, me hubiera gustado compartir con ella algún rato tejiendo, pero mi madre era zurda y yo diestro, cada vez que lo intenté, fracasé, porque yo no podía entender los puntos al revés, ya me contaba ella como en su época le fue muy duro aprender usando la mano izquierda y como la castigaban para que tratara de usar la derecha. 

En la primavera de 2017, participando en 'Tejiendo Valdemorillo' (proyecto para colocar parasoles tejidos, con hilo hecho de bolsas plásticas recicladas, en una calle del pueblo), Ana del Burgo, ganchillera de la asociación de artesanas 'Entre mis manos' me enseñó a tejer, me hizo mucha ilusión poder aprender finalmente. Llamé a mi madre y le dijé 'Guacha (así la llamábamos cariñosamente), estoy aprendiendo a tejer al gachillo', se quedó muy sorprendida, quiso saber todos los detalles y se los conté, nos echamos unas risas. 

La alegría de las mujeres de 'Tejiendo Valdemorillo' al ver el primer parasol colgado después de tantos meses de trabajo, abril de 2017

A los pocos meses falleció La Guacha, con 92 años, perfectamente lúcida, con el consuelo de que tuvo una muerte tranquila, sin dolor. Al faltar mi madre ¿Qué hacer con todos esos tejidos en casa? no quería ni regalarlos, ni mucho menos tirarlos, son toda una vida, muchos años de trabajos que creo merecen ser mostrados, por eso pensé en hacer una exposición, afanarme en crear usando ese material, tenía montones de ideas para hacer ese homenaje póstumo para ella y, como no, a todas las mujeres, madres y abuelas. 

Desde el primer momento pensé en Ana del Burgo, para poder convertir todo ese material en un proyecto factible de ejecución, lo hablé con ella, se entusiasmó también, aportando más ideas desde su propio buen hacer con el ganchillo, con un punto de vista más actual. Ana dijo que también ella tenía tejidos hechos por su madre, que utilizó de pequeña, o que forman parte de su "ajuar". Me preguntó si podía añadirlos a los de mi madre para la exposición, si me parecía bien, por supuesto que le dije que si. 

La Guacha cosía y bordaba pero a lo que más dedicó tiempo, con diferencia, fue a tejer ganchillo, cuando era más joven y tenía mejor vista, tejió innumerables paños de ganchillo con hilo fino, para uso propio, pero también los vendía o los hacía por encargo. De los tejidos que quedaron en casa lo que ocupa mayor volumen son las piezas de uso personal, las que se dedicó a tejer durante los últimos años porque están tejidas en ganchillo con hilos gruesos, de lana o estambre, pero la mayor cantidad de piezas, aunque parezcan menos porque hacen menos bulto, son aquellas tejidas, hace años, con hilo fino, esas incluyen pañitos, caminos de mesa, manteles, colchas, piezas para la decoración y el uso en el hogar. 

Algunos de los ganchillos en hilo fino de la abuela Guacha.

Nadie quiere el ganchillo de las abuelas


Al ganchillo de mi madre, sumé un par de aportes adicionales en los últimos dos años. El de Rosita  (en la exposición hay una obra dedicada a su historia que espero contar en otra entrada de este blog próximamente), Y el de una segunda vecina, a la que no conocí ni sé su nombre, se la habían llevado hace mucho, su piso estuvo vacío durante largos años, se llevaron también todo el contenido de la vivienda, excepto cuatro cosas, incluyendo las piezas elaboradas con ganchillo, que dejaron en un cajón, y que, por cosas del destino o el azar, terminaron en mis manos.

Más o menos al mismo tiempo Ana compró en un rastrillo, por 20 euros, una manta grande, tamaño matrimonial, muy bien tejida a ganchillo, en hilo fino, nos parece una burla ese precio para ese trabajo tan minucioso y delicado, de tantas horas, solamente en hilo, el coste es muy superior a ese precio.

Todos esos ganchillos también están en la exposición. Tantas coincidencias confirman que no se aprecian las labores, ni se valora el trabajo que tienen, en mi opinión personal eso es por desconocimiento e ignorancia, porque en un momento determinado de nuestra historia reciente hubo un corte generacional, los jóvenes ya no hacen labores, así que no lo aprecian y se ha instalado el pensamiento de que son cosas viejas, de las abuelas.

Para Ana y para mí son pequeños tesoros, piezas únicas cada una de ellas, por eso hemos puesto, con retranca, el título de "Nadie quiere el ganchillo de las abuelas" a la obra que les voy a mostrar ahora.


La zona marcada en verde es la ubicación de 'Nadie quiere el ganchillo de las abuelas'


Al entrar en la sala de exposiciones de la Giralt Laporta, por su puerta principal, la que está más cercana a la Escuela de Música, la primera instalación que nos encontramos, en la pared a mano izquierda, es un conjunto de un par de jardines colgantes que se llaman 'Nadie quiere el ganchillo de las abuelas' 

'Nadie quiere el ganchillo de las abuelas' - jardines verticales.



Los fondos verdes los había tejido mi madre para un jersey, no lo llegó a terminar, uno de ellos estaba bastante más corto que el otro y Ana lo terminó, con el mismo estambre que había dejado mi madre.

Ana terminó el trabajo inconcluso de mi madre, con mucho cuidado y respeto como todo lo que hace.

Los paños tejidos de hilo fino los usamos para un propósito diferente al del original para el que fueron creados. Les dimos volumen, los pusimos semi-rígidos y quedaron geniales,


Los paños colgados en el taller, secándose para darles volumen.


Mi idea original era combinarlos con vidrio y con otros materiales para convertirlos en piezas artísticas, de manera individual o haciendo conjuntos. Había pensado en animales mutantes, colgados o puestos en pie, con un ojo de vidrio, derivado de lo que venía haciendo en exposiciones anteriores, pero en las charlas con Ana, me hizo ver que eso no era muy delicado ni femenino y así surgieron estos hermosos jardines verticales colgantes

Ana también dispuso la composición de los antiguos paños, ahora flores, sobre los fondos verde, los unió, realizó todo el acabado de las piezas, con los palos para colgarlos y la decoración con borlas en los extremos.


En su Taller 'La Higuera', Ana planteó la distribución de la 'flores' sobre los fondos.

Para significar la continuidad de las labores Ana unió tejidos, realizados por ella, también con motivos florales, que salen como una enredadera que sube desde la cesta en el suelo, símbolo de que todo se renueva y de que hay nuevas formas para expresarse también como tejedora.



Solidarios ante la soledad de las personas mayores

Esta exposición fue pensada antes de la pandemia del Covid19, la soledad de muchos mayores era una de nuestras preocupaciones y de los puntos que queríamos tocar con el proyecto 'Hilos de la Memoria'. Ahora parece que viene más a cuento, en estas fechas cuando se han marchado tantos, muchas madres y abuelas entre todos ellos, esta bien reflexionar ante el fenómeno de la soledad, el poco aprecio que se hace de la experiencia de los de más edad, de su legado, de sus vivencias y como tenemos tanto que aprender de ellos, si les dedicáramos tiempo y pusiéramos un poco de atención a lo que tienen que decir nos daríamos cuenta de todo lo que todavía tienen para aportar.




En próximas publicaciones seguiremos con la visita guiada por 'Hilos de la Memoria', mientras tanto recordar que como dice el refranero popular 'No hay peor desprecio que no hacer aprecio'


Hasta luego, ser felices.



Reinaldo Zamora Pérez