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domingo, 19 de julio de 2020

El Piñonero Azul

¿Un pino piñonero azul? Parece increíble, pero es verdad, aquí está, con sus piñas azules. Deja volar la imaginación y lee la historia.

En la imagen les muestro a 'El Piñonero Azul', una instalación que incluye a un atrapasueños (hecho con ganchillo, junco y fibras), un bol y baldosas de vidrio, y piñas de pino piñonero.



Las piñas como inspiración

En el arte, las piñas de los pinos, tienen una enorme tradición como motivo de inspiración, se ha utilizado en todas las artes a lo largo de la historia y mi madre, no podía ser menos, es un motivo que tejió muchas veces.

Entre todas las piezas tejidas al ganchillo que dejó mi madre estaba el paño azul de la foto, me gusta mucho y por eso quería hacer algo especial, por su color, tamaño y los motivos de piña . Mide unos 53 cms de diámetro, tiene 12 piñas, 6 más grandes y 6 más pequeñas, tejidas con diferentes puntos de ganchillo. Se puede interpretar que hay otras 18 piñas tejidas en el paño pero que no son de piñas abombadas, como las del pino piñonero, sino que son piñas alargadas, como de pino resinero. Las piñas del piñonero tienen las puntas del cono hacia el borde del paño, mientras que las piñas de resinero tienen la punta del cono dirigidas al centro del paño, agrupadas en 4 grupos de tres piñas cada uno..


Anécdota

Aprovechando ese estupendo paño quería desarrollar una idea basada en una anécdota con las piñas que mi madre tejía en los paños de ganchillo.
Cuando era pequeño, jugaba al lado de mi madre, mientras ella trabajaba o hacía labores, siempre he sido muy observador y a veces detenía mis juegos para mirar lo que ella estaba haciendo, recuerdo que en aquella oportunidad me fijé en la figura que tejía en un paño de croché, me parecía bonita y le pregunté que qué era, ella me contestó que era 'una piña'. Hasta ese momento solamente conocía como piña a la fruta tropical, me quedé pensando que las de los tejidos eran unas piñas muy raras porque no se parecían en nada a la fruta. Esa idea me rondó por años en la cabeza, porque cada vez volvía a tejer paños con ese motivo, las piñas.
Vivíamos en un piso en Caracas, no había pinos, al menos no les recuerdo, el que se ponía en Navidad si acaso, y no tenía piñas. No fue hasta mi adolescencia, en 1976, la primera vez que salí de Venezuela en viaje a Canarias, que caí en cuenta de las piñas de los pinos, fue en un paseo a un parque llamado 'Las Raíces', había muchos pinos, de la especie canaria, y cogí mi primera piña en la mano, pregunté que era y me dijeron 'una piña', por fin caí en cuenta y las relacioné con las figuras de aquellos pañitos que mi madre tejió con tanta frecuencia.
Con el tiempo conocí las especies coníferas tropicales que hay en Venezuela, como el pino caribe, y claro al mudarme a la sierra de Madrid, muchas otras variedades que son muy comunes aquí.



En 'Hilos de la Memoria'

Para seguir la visita guiada por 'Hilos de la Memoria' me falta una foto para mostrar más claramente la ubicación en la sala de 'El Piñonero Azul', está después de las 'Gavetas', a mano derecha, en la primera puerta del horno, pero a falta de esa foto de ubicación les comparto esta otra foto de la inauguración, la obra es la que está a mi espalda (soy el calvo), a la derecha de las banderas. 

Durante la inauguración de 'Hilos de la Memoria', de izquierda a derecha Eva Ruiz - Concejal de Cultura, Pámela Spratz - Técnico de Cultura, Santiago Villena - Alcalde, yo y Ana Del Burgo.

La zona verde indica donde está ubicado 'El piñonero azul'


Atrapasueños

Si no sabes lo que es un atrapasueños aquí lo explico rápidamente. Es un objeto hecho a mano, cuya base es un aro fabricado tradicionalmente con madera, con una red en su interior y decorado con diversos elementos.
La tradición de los Ojibwa americanos dice que su función es filtrar los sueños, dejando pasar solo los buenos; los sueños que no se recuerdan es porque se han bajado por lo que cuelga del aro, que usualmente son plumas. Las pesadillas se quedan atrapadas en la red y se queman con la luz del sol al amanecer para que no se cumplan.
Generalmente se cuelgan con un hilo del techo, encima de la cama.
Para nosotros es mucho más que todo eso, es un objeto de arte.

Hablé del proyecto con Ana, esta idea surgió, cuando ya teníamos avanzadas el resto de las ideas para las obras de la exposición y ya estábamos con el tiempo justo, pero Ana vio claramente las posibilidades y que podía hacer un estupendo atrapasueños con ese paño, desde luego sería uno grande, probablemente el más grande que habría realizado hasta los momentos. Se puso manos a la obra a darle forma al junco, para poder armar y montar al atrapasueños.



Luego de seco el junco y ya con la forma de circunferencia, Ana cosió para montar el paño, uniéndolo con el marco.



Piñonero Azul

Mientras Ana montaba el atrapasueños yo continuaba dándole vueltas a la cabeza, pensando en como completar la obra, donde ubicarla, que nombre darle, etc.
Era evidente que el atrapasueños tendría que estar colgado y me lo imaginé como un pino, alto como un pino que se dice, un pino piñonero y azul, así surgió el nombre de la obra 'El Piñonero Azul'.
Las piñas caen de los pinos por lo que para hacer la fantasía más real decidí poner piñas azules debajo del atrapasueños. Me puse a recoger piñas, un montón de piñas, que cuando las tienes en el taller parecen muchísimas pero cuando las llevas a la sala de exposiciones siempre parecen pocas.


No tuve que ir muy lejos para recoger las piñas porque tengo ese estupendo ejemplar de pino piñonero en el patio y coincidió las fechas de preparación de la obra con la época en que caen las piñas.

Antes de pintarlas les hice hice un proceso para quitar la resina y acelerar el proceso de secado de las piñas.

Piñas recién recogidas.

Las piñas en remojo con agua caliente y vinagre para eliminar la resina.
Después las piñas las calenté al horno para quitarles la humedad, una vez secas me puse a pintarlas.

Piñas durante el proceso de pintura

Nunca es suficiente

Cuando me pongo con un tema sigo dándole vueltas hasta no estar completamente satisfecho y no me parecía suficiente, no creía que estuviera plasmando todo lo que quería expresar solamente con el atrapasueños y las piñas azules.
Me faltaba el vidrio, me puse a buscar trozos, me decidí por dibujar y pintar piñas, para hacer como unas baldosas, con el dibujo tomado del mismo paño y, ya con las piñas esmaltadas por mi en vidrio, con todo eso, integrarlo en la composición.


Las baldosas esmaltadas con piñas recién salidas del horno

Quería que todo el conjunto de la instalación 'El Piñonero Azul' luciera como una obra compacta, que se entendiera como una única obra, aunque estuviera elaborada con un montón de piezas separadas, así que le hablé a Ana de la posibilidad de poner flecos que colgaran de la parte de abajo del atrapasueños, que llegaran casi hasta el suelo, me dijo que si y se puso a ello, con algodón crudo y rafia azul. me dijo que si le podía llevar algunas escamas de piña para atarlas a los flecos, de inmediato salí al jardín a recolectar escamas de piña de los alrededores de nuestro piñonero.



Es increíble como las piñas se mantienen unidas, incluso al caer del árbol, casi siempre desde una altura considerable, y aún así la mayoría de las veces la piña se mantiene intacta, sin perder ni una escama, aún cayendo sobre superficies duras. Pero en algunos casos si se desprenden y reuní unas cuantas escamas, que también las pinté de azul para dárselas a Ana y que las uniera a los flecos.


Bol


Quería un contenedor para las piñas y, no se porqué, pero inicialmente asociaba las piñas con un cartón de huevos, supongo que es porque las piñas tienen forma parcialmente ovoide, por lo cual había pensado hacer un termoformado en vidrio con la forma del cartón de huevos y en lugar de huevos quería poner piñas naturales, Pero finalmente opté por hacer un bol, me pareció estéticamente más limpio, también circular como el atrapasueños, en tonos azules diluidos, como si la resina azul del pino pringara y se escurriera por las paredes del vidrio.


En la foto no se distingue pero la superficie del vidrio, por el lado de abajo, tiene una textura imitando las escamas de la piña.

Satisfacción por el trabajo bien hecho

Con esto por fin estaba contento, creía que por fin había cerrado el círculo y tenía la obra que quería, pero claro todo estaba en mi cabeza, faltaba ver como quedaría todo el conjunto instalado en la sala.
No puedo estar más contento de como quedó, incluso mejor de lo que me había imaginado.
Para instalar otras obras de la exposición me tuve que subir a una pasarela que pasa por encima de la sala y como eso ocurrió cuando el piñonero ya estaba instalado aproveche de tomar la siguiente foto, una pena que no haya acceso al público a la pasarela (es complicado llegar allí) porque da una visión totalmente diferente, por eso me encanta compartir esta foto que proporciona un ángulo que nadie más ha visto, a mi me parece que es el mejor que se puede tener para apreciar esta obra.


También me gusta mucho como quedó la zona del suelo. Sobre una peana plana blanca está el bol, con una sola piña dentro, rodeado de las baldosas de vidrio con el dibujo de las piñas, a manera de un mosaico, y las piñas naturales, pintadas en el tono azul del paño, colocadas a diferentes niveles aprovechando el empedrado y los escalones de los ladrillos antiguos del horno. Todo simbolizando que el paño es el pino del que han caído las piñas.


Con todas las fotos que he compartido en esta publicación y algunas más he montado un vídeo que se puede ver en mi canal de YouTube, aquí les dejo el enlace del vídeo https://youtu.be/nuk69nEEzqk

Hacer Piña


Al empezar la crisis del coronavirus, escuché varias veces la expresión 'Hacer piña' y , ya lo comenté antes, se refiere a esa maravillosa forma natural de las piñas, que a pesar de estar formada por un montón de piezas, cada una diferente, tiene la facultad de que siempre se mantienen unidas, como una sola. Pues esa piña que se pedía para ayudar a superar esta crisis, al menos aquí en España, saltó por los aires, cada escama cayó por su lado, así seguimos y no parece que haya forma de recomponerse.

En esos días del principio de la crisis, cuando unos cuantos soñadores creían que el mundo sería mejor y que todos y cada uno de nosotros volveríamos a la calle convertidos en personas ejemplares de los pies a la cabeza, la psicóloga italiana Francesca Morelli publicó el siguiente texto, justamente pidiendo hacer piña, se hizo viral en las redes sociales y se los transcribo a continuación, porque me gusto mucho cuando lo leí y lo guardé para compartilo en este momento.
https://www.facebook.com/IlBlogDellaPsicologa/posts/2490728477923163?__tn__=K-R

'La Piña' - acrílico sobre lienzo de la serie 'Puntadas sin Hilo'


“Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar...

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando...

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.

En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no) espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos porqué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todos ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia, a un alto precio."



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Fantasía, fantasía y más fantasía, que no falte por favor, pon a funcionar la imaginación en todo lo que hagas.

Hasta luego y ser felices,

Reinaldo Zamora Pérez

miércoles, 1 de julio de 2020

Cabezas Creativas

Yoga y Ganchillo, la pareja perfecta

Para algunos hacer ganchillo es el nuevo yoga, así lo leí en algunos reportajes mientras preparaba el proyecto "Hilos de la Memoria". A mi no me lo parece, primero porque el ganchillo no es nada nuevo y segundo que son dos actividades muy diferentes.

De lo que si estoy convencido es de que son dos actividades que se pudieran complementar de una manera extraordinaria, que nos llevaría un paso más allá en bienestar, del que nos pueda proporcionar realizar solo una de esas actividades.

Así que, "Yoga y Ganchillo, la Pareja Perfecta", me suena a un mejor titular. Estuve en clases de yoga los últimos meses antes del confinamiento, porque hace tiempo que quería hacerlo, pero además para poder tener un criterio mejor formado al escribir sobre el tema.



Es fácil conocer personas que practican yoga, también conocer a otras que hacen ganchillo.

El yoga busca que, al practicarlo, alcancemos el equilibrio de nuestro físico, psiquis y espíritu, cuando se logran, los tres, estaremos en armonía. Es una práctica milenaria que está suficientemente comprobada.

También está comprobada la efectividad del ganchillo, estudios científicos lo avalan, y lo podemos verificar nosotros mismos, cuando preguntamos a personas que hacen ganchillo, u otras actividades creativas, generalmente lo primero que manifiestan es la sensación de bienestar que alcanzan al hacerlo, frecuentemente dicen que el ganchillo las hace felices.

Así que la combinación de practicar yoga con actividades creativas, como el ganchillo, puede ser la máxima expresión de la armonía y el equilibrio personal.


Vuelve con fuerza el ganchillo

Varias veces he leído eso, como si fuera una frase intentando recuperar una labor pérdida, pero no es verdad, nunca se ha dejado de hacer, ha habido modas que lo han hecho estar más o menos visible, claro que nunca ha vuelto a ser como fue con nuestras abuelas, pero el arte de tejer nunca se irá.

Se sigue haciendo como actividad individual o pasatiempo de fin de semana, practicado en la soledad de casa, pero al igual que hay centros para ir a practicar yoga, ahora también hay lugares donde ir a hacer ganchillo, pueden ser reuniones periódicas en sitios públicos, en cafeterías, o en mercerías;  pero existe una tendencia para reconvertirla en una actividad grupal, talleres dedicados a compartir en locales "cuquis", con la etiqueta DIY (Do it yourself, que en español significa, hazlo tu misma). Al finalson una versión moderna de los antiguos corrillos para tejer de las vecinas.

Las redes sociales también se han convertido en el altavoz perfecto para difundir esta afición y compartir trucos, técnicas y estilos de tejidos.



La clave que hace que no se pierda la afición por tejer, es la sencillez de su aprendizaje, la velocidad en el perfeccionamiento de las técnicas, pudiendo pasar de un punto más sencillo a realizar otros más complicados en un periodo de tiempo relativamente corto, lo que potencia el sentimiento de superación y capacidad de mejora. Además, es bien sabido, lo sabían las abuelas y lo sabía mi madre, el ganchillo es adictivo, y eso hace que las ganas de aprenderlo vayan en aumento cada vez.



Beneficios de tejer

Tejer, bien sea ganchillo, a dos agujas o en telar, sirve para combatir el estrés, la ansiedad y relajar la mente. Dedicar ese momento cada día, a centrarse en algo que disfrutamos y motiva, es fundamental para la estabilidad y el bienestar propio. El ganchillo es el más popular, es lógico, no necesita sino de una pequeña aguja y un ovillo que se pueden llevar fácilmente a cualquier lugar.

Pero es que además, científicos y médicos especializados, como neurólogos, recomiendan la realización de manualidades, artesanías u otros entretenimientos para mejorar la memoria y prevenir la aparición de enfermedades degenerativas cerebrales, y en eso tejer es fantástico, porque hay que contar y estar pendiente de la secuencia de los puntos; son buenos ejercicios para mantener las cabezas activas.

También está recomendado como práctica para aliviar los problemas de huesos y articulaciones y así evitar el progreso de afecciones, como pueden ser las artritis y artrosis en las manos.



Tejer requiere de paciencia, constancia, auto-disciplina, pero, en compensación, ayuda a desarrollar nuestra capacidad creativa y artística. Y tiene una estupenda recompensa, en forma de subidón de autoestima, que se obtiene al finalizar cada labor. Todo esto (paciencia, constancia, auto-disciplina, creatividad artística) más el bienestar, la sensación de felicidad, y también la adicción; lo vi y lo comprendí con mi madre.

Así que si, mi conclusión es que el ganchillo es un yoga mental, que lleva a alcanzar el equilibrio y la armonía del espíritu. En yoga se designa como yogui a los practicantes más avanzados e informados, definitivamente mi madre era una yogui del ganchillo.




Cabezas Creativas

Para representar a esas mentes bonitas, que están en armonía por hacer ganchillo, he creado estas dos piezas de las fotos, combinando el ganchillo con el vidrio, el material que más he trabajado y al que me he dedicado estos últimos 20 años. Las piezas se llaman "Cabezas Creativas", que no es por nada, pero me encantan, con esa especie de cerebro donde las neuronas están conectadas por puntadas de ganchillo.



  


En 'Hilos de la Memoria'

La ubicación de las dos 'Cabezas Creativas' en la sala de exposiciones, es en los salientes, una a cada lado, de la puerta de entrada al horno central. Está indicado en verde en el plano a continuación.



Dónde aprender ganchillo

Los talleres y sitios para aprender se pueden encontrar en cualquier ciudad, en las tiendas que venden los materiales, como las mercerías, que enseñan a aprender manualidades y hacer las cosas por nosotros mismos. Luego están los vídeos tutoriales, que proliferan realizados directamente por las artesanas, pero también muchos vídeos profesionales patrocinados por las mismas empresas de las marcas de productos.

En Valdemorillo tenemos la suerte de contar con Ana Del Burgo, que desde su taller imparte clases para diferentes niveles de ganchillo, también se mueve por diferentes tiendas y escuelas de otros pueblos de la sierra, compartiendo, con quien esté interesado, su buen hacer con el ganchillo.



Únete a nuestro proyecto

La exposición está en la Casa de Cultura de Valdemorillo, puedes tener una visitada guiada, pidiendo cita previa durante Julio y Agosto, en horarios especiales, según se muestra en el cartel. 




Sino puedes asistir, aquí te la seguimos contando. 

Hasta aquí estas reflexiones de hoy, les invitamos a seguirnos y comentar sus impresiones y/o experiencias en este blog, o en nuestras redes sociales:

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Saludos y por favor no dejen de crear, para ser más felices, 

Reinaldo Zamora Pérez

sábado, 20 de junio de 2020

Plantar el ganchillo

Continuamos nuestro recorrido virtual por 'Hilos de la Memoria' en la Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura Giralt Laporta de Valdemorillo, en la sierra noroeste de la Comunidad de Madrid y 'Plantar el Ganchillo' es la siguiente parada en el itinerario.

'Plantar el Ganchillo' foto cortesía de Julio César Mesa Arboleda.

En la zona resaltada, con el color verde, en el plano de la sala que mostramos a continuación, está  ubicada 'Plantar el Ganchillo'.



La idea

De los preciosos tapetes de hilo fino de mi madre quedaban un montón, a todos los habíamos almidonado para darles volumen, usamos unos cuantos para los jardines verticales que llamamos 'Nadie Quiere los Ganchillos de la Abuela' (puedes ver las fotos y leer la historia en   https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/05/labores-de-madre.html ), y también queríamos utilizar el resto, estábamos convencidos de sus posibilidades y con su potencial artístico dan mucho juego.



También teníamos muchos jerseys de lana crocheteados por mi madre, es lo que más volumen ocupaba entre todo el material que teníamos disponible para "redimensionar" para 'Hilos de la Memoria', por eso pensamos en hacer algo combinando los tapetes y los jerseys, hicimos unas pruebas, como las de la siguiente imagen.



Pero no estábamos convencidos, a Ana era a la que menos le gustaba la idea, y eso que fue ella quien montó esa prueba. Dejamos unos días para pensar y madurar las posibilidades, y mientras esos días transcurrían me encontré con la siguiente imagen en Internet, así que, inspirado por ese dibujo, le dije a Ana del Burgo: vamos a plantar el ganchillo.



Gorros tiestos

Teníamos varios gorros de lana tejidos por mi madre para el invierno, unos más para lucir y algunos con laterales para proteger las orejas y hasta con barbiquejos, para poder atarlos debajo de la barbilla. Mi madre los tejió en Valdemorillo, como canaria que era, que luego vivió tantos años en el caribe, sintió mucho el cambio de clima al mudarnos a la sierra de Madrid, ya tenía 75 años, y los años que vivió aquí se dedicó a tejer jerseys, bufandas y gorros de lana para abrigarse en los fríos inviernos.


El principal propósito con 'Hilos de la Memoria' era darle la 'vuelta' a todas esas piezas de ganchillo de mi madre, a las que tejió aquí y a las que trajo tejidas. Re-interpretarlas, buscarle otras utilidades y tratar de aportarle una nueva dimensión a través del arte. Pues con los gorros tejidos hicimos literalmente eso, les dimos la vuelta, para hacer tiestos con ellos. Así surgió 'Plantar el Ganchillo'



Manos a la obra

Una vez decidido lo que íbamos a hacer, Ana del Burgo sacó toda su creatividad y se puso a plantar los ganchillos, rellenando los 'tiestos', preparando el junco para crear los troncos de las flores, armonizando los colores de los tiestos con el de las flores....


.....Usando diversos trucos para darle estabilidad a cada pieza del conjunto y cuidando cada detalle.


Así se logró un conjunto de cinco maceteros, con sus flores esplendidas, que lucían muy bien ya en el taller de Ana, antes de pasar a la exposición.


Una vez en la exposición los dispusimos en conjunto, y para darles aún mejor presencia, si era posible, decoramos la peana con un mantel redondo de ganchillo de mi madre.




Segunda oportunidad

Mirar una segunda, y hasta una tercera vez, dar nuevas oportunidades, darle la vuelta y buscar el lado positivo de las cosas, son acciones de generosidad, que nos pueden ayudar a ser mejores y a vivir en un mundo un poquito mejor. Al reusar damos nuevas oportunidades, al tejer protegemos al medio-ambiente.






Y 'Plantar el Ganchillo' quiere recordar que hacer croché, como decía mi madre, puede ser una actividad creativa, entretenida, compatible con el cuidado del medio-ambiente y además beneficioso para la salud. Nos viene muy bien el nombre de esta instalación, sirve el juego de palabras para significar que queremos sembrar el entusiasmo por tejer.
El ganchillo debería ser considerado Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, tal y como están considerados muchos tipos de tejidos alrededor del mundo.
Con esas ideas en positivo me despido por hoy, no sin invitarles a que nos sigan.

Síguenos

'Hilos de la Memoria' se puede volver a visitar, las obras y nosotros estamos deseando contar sus historias y sentir como los visitantes nos cuentan las suyas. La sala cuenta con las medidas sanitarias reglamentarias, para visitas en horarios y grupos reducidos. Hay que pedir cita previa en el número de teléfono 91 897 76 15 o escribiendo a la dirección de correo electrónico cultura@aytovaldemorillo.com.



Si no puedes desplazarte para una visita en persona te invitamos a seguirnos y comentar tus impresiones y/o experiencias en este blog, o en nuestras redes sociales:

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Siempre intentar reusar, si no ves claro como hacerlo o no puedes, pásalo a reciclar, hay alternativas antes de tirar a la basura.

Hasta luego y ser felices,

Reinaldo Zamora Pérez

martes, 16 de junio de 2020

En el Parque

Durante el tiempo que estuvimos confinados, sin poder salir de casa sino para lo eminentemente necesario, una de las cosas que estaba totalmente prohibida era visitar los parques, tuvimos tiempo para echarles de menos y darnos cuenta de lo importante que son.

(Ya había compartido una publicación similar, referida a este cuadro, partí de aquella, que la he reformado considerablemente, actualizado y ampliado con más datos y fotos, por eso les podrá parecer que algunas cosas ya las han leído antes).

Las sensaciones que guardo de mi infancia en los parques, es una historia que corresponde a una obra incluida en "Hilos de la Memoria", al cuadro de 1986 llamado "En el Parque", buscaba representar esa época de mi niñez, era una de las cosas que más me gustaba, eso fue lo que me inspiró a pintarlo, aquí van mis recuerdos.



Antímano

Cuando era un niño, en la década de los 60’s, Antímano era todavía un pueblo de las afueras de Caracas, con su Plaza Bolívar llena de árboles y palomas, el centro de la plaza lo ocupaba un pequeño busto del Libertador, aún no siendo muy grande la plaza, el busto me parecía poco para aquel espacio. Tengo la sensación de que era un lugar recogido a pesar de ser al aire libre, tal vez tengo ese recuerdo porque en aquel tiempo los árboles eran muy frondosos, no eran muy altos, y daban mucha sombra, el suelo tenía la mayor parte de tierra, además había varios palomares, eran una serie de construcciones por toda la plaza, como bloques de viviendas para palomas, cada bloque tenía montones de habitáculos para que anidaran, visualmente todo eso reducía el área, resultando en que la hacia parecer más recogida que como la veo ahora, en fotos actuales, en las que noto que ha sido muy reformada y ya no existen los palomares que había entonces.

Plaza Bolivar de Antímano

Cerca estaba la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario con sus muchas escaleras y sus cuatro enormes columnas en la entrada, allí con 4 años, en mayo de 1964, llevé los anillos en la boda de mi hermana, también hice la primera comunión, me confirmaron y cantaba en el coro, en las misas de los domingos.

Así recuerdo a la iglesia de Antímano
Así luce años después, en una foto más reciente, de Julio Cesar Mesa Arboleda.

Cine Astor


Otro lugar de referencia de mi infancia fue el cine Astor, donde vi Bambi, mi primera película en pantalla grande, fuimos una mañana con el colegio, supongo que yo tendría unos 7 años, es decir, aproximadamente en 1967, luego fui otras veces a ver alguna película, casi siempre en el matiné de primera hora de la tarde, una que recuerdo fue 'Marisol rumbo a Río', pero no muchas más, siempre quería ir, pero nunca se podía y no me dejaban ir solo.

 


A mi me parecía que el Cine Astor era muy grande, claro yo lo veía con ojos de niño y era el único que conocía, recientemente supe, investigando para este recuerdo, que tenía 800 butacas, que había sido inaugurado en el año 1953 y que el edificio fue demolido en el año 1992.




Cruz Verde Nº 34

Vivíamos en el número 34 de la calle cruz verde, era una vecindad (años después cuando vi 'El Chavo del 8' me recordaba a aquellas viviendas), había un patio interno y las puertas de varias viviendas daban a ese patio, que se ve en la foto siguiente, soy el más pequeño, con mi hermana, mi hermano, mis concuñadas y vecinos.

El patio de la Calle Cruz Verde 34, soy el más pequeño en el centro, debe ser 1964.

Hasta mis cinco años viví en esa casa de la que se ve la ventana en la foto anterior y en la que estoy de pie en la puerta, en la foto siguiente, soy el pequeño, junto a mi hermano, Pedro.

Soy el pequeño, con mi hermano Pedro, en la primera casa que recuerdo.

Al poco tiempo de la próxima foto, cuando tenía 5 o 6 años, nos mudamos al otro lado del patio, a una vivienda en la planta alta, debajo quedaba el Colegio El Araguaney, donde estudié desde kinder, con la maestra Murphy, hasta el 3er grado de primaria.



La foto anterior es en la puerta del Colegio El Araguaney, vivimos en la planta alta del colegio entre 1965 y 1969, deben ser los carnavales de 1968 o como mucho de 1969, porque fue el año cuando nos mudamos de Antímano. Soy el disfrazado de chino, mi concuñada Morela está vestida de charleston y el del medio es mi sobrino Eduardo (fui tío a los 5 años), que la verdad no recuerdo, ni puedo adivinar de que era el disfraz, tal vez de Robin Hood.


Nuestra calle


La Cruz Verde era una calle en pendiente, nosotros no vivíamos muy arriba, al bajar por la calle, en la misma acera quedaba el Bazar Regalado, allí iba a comprar los cromos para los álbumes y también compre el joyero para mi madre de la historia que conté en
https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/05/la-muneca-joyero-de-porcelana.html.

Muy cerca, en la misma acera, estaba también la panadería, ahí iba a hacer los mandados, a comprar el pan, los refrescos, con aquellas botellas de vidrio que había que llevar la vacía para que no cobrarán más por la nueva, y cada vez que iba había que pedir la ñapa, por un bolívar me daban ocho panes de a locha, una locha eran 125 céntimos, y la ñapa era normalmente un pan dulce.

También en la misma acera quedaba Gofios La Lucha, mi desayuno era un vaso de leche caliente con gofio y un huevo crudo, todo mezclado, no sé como me podía tomar aquel brebaje, bueno si, me apretaba la nariz y procuraba tragar sin tener que parar, terminé repugnando aquello, y para rematar mi madre me hacía tomar una cucharada de aceite de hígado de bacalao y rábano yodado. Como fui muy enfermizo de pequeño mi madre vigilaba mucho que me lo tomara todo, para evitar que siguiera enfermando.

Nunca olvidaré al Sr. Scott.

¡Vamos al parque!


Pero claro lo más importante para mi era ir al parque infantil, pero nunca me llevaban. El de Antímano tenía forma de triángulo, entre dos avenidas principales de un lado la fábrica de Pepsi-Cola y del otro las de Gases Industriales. He buscado en google maps la zona, para hacerme una idea de las distancias, las proporciones y también para poder ilustrar mejor esta historia, me parece increíble que siendo niño caminaba por todas esas calles (cuando a partir del cuarto grado que pasé a la Escuela Nacional Andrés Bello iba caminando) y la verdad que no recuerdo haber sentido nunca miedo, ahora con la violencia en Venezuela supongo que será inimaginable pensar en un niño caminando por todo eso solo, de todas formas al ser tan pequeño no tenía bien delimitados los potenciales peligros y me creía capaz de todo.

Los círculos en rojo indican los lugares que frecuentaba, al bajar la Cruz Verde llegaba a la iglesia, muy cerca está la casa parroquial, donde iba a ensayar con el coro de la iglesia, al lado está la Escuela Nacional Andrés Bello, donde estudié el resto de la primaria y al lado de la Escuela está el Parque. Hacia el otro lado del pueblo, está la Plaza Bolívar, en sus alrededores iba al médico, al barbero pero también íbamos de paseo a dar de comer a las palomas o a comernos un raspado.



Me encantaba que me llevaran al parque, para montarme en los columpios, el sube y baja, la rueda; para comerme un raspado de granadina con leche condensada; pero me llevaban muy poco, tal vez por eso lo deseaba más y por eso me surgió en su momento la necesidad de pintarlo. No me llevaban porque el suelo del parque era de tierra y cada vez que iba terminaba enfermo de las amígdalas, lo que en España aprendí que llaman anginas, en aquella época no sabían porque me enfermaba constantemente, ya de adulto descubrí que es alergia, al polvillo que se levantaba de correr en el parque por aquella tierra seca.


El Paraíso

Tenía 9 años de edad cuando nos mudamos a La Paz, en El Paraíso, y vivíamos justo al lado de un parque, este era mucho más grande que el de Antímano, tenía una concha acústica para representaciones, con gradas al aire libre, en la vista aérea esta marcado con el círculo rojo el edificio donde vivía, era poner el pie en la calle y ya estaba en el parque.


Lo más cerca del parque que tenía era la Concha acústica y montones de veces estaba yo subido en ese escenario o corriendo de un lado a otro por todas esas gradas, la verdad que los años que viví ahí no recuerdo que se aprovecharan mucho esas instalaciones, todo lo contrario había eventos muy esporádicos.


También había y siguen existiendo muchas canchas para deporte, áreas ajardinadas y muchos árboles, como se puede apreciar en esta otra vista aérea, más alejada que la anterior, lo grande que es el parque, yo vivía en uno de los extremos, está marcado con el círculo rojo.



Este parque lo disfruté mucho más, ya podía ir solo a jugar. No me dedicaba tanto a jugar a la pelota ni a montar bicicleta (no pasé de un triciclo), disfrutaba en especial la gran cantidad y variedad de árboles, algunos me parecían increíbles, como los apamates, acacias y araguaneyes, con sus deslumbrantes floraciones.
Pero mis favoritos eran los corpulentos sámanes, por su porte, por el contraste tan marcado con aquellas flores en ramilletes tan hermosas, pero delicadas, que parecían hilos, rosados y blancos y, como no, por aquellas enormes vainas que al secarse podíamos usar a manera de espadas para jugar, cuando se abrían salían sus semillas, grandes como piedras. Jugué muchas veces a la sombra del enorme samán del Parque La Paz de El Paraíso, no tengo idea si seguirá existiendo, espero que si, porque son arboles muy resistentes algunos con mucha historia, como el famoso Samán de Güere, al cual fue el mismo Alejandro de Humboldt a visitarlo.

El Samán.

Los jabillos, o ceiba, con sus peculiares y gordos troncos llenos de espinas también atraían mucho mi atención, así como las esbeltas palmeras como los chaguaramos, cocoteros y moriches.


Ese poderoso mundo vegetal del parque lo quise mostrar en ese cuadro que pinté ya hace 34 años y donde me represento como un niño con mi pelota y mi madre. El niño muestra la picardía de los chiquillos jugando a la pelota y como siempre esta el temor de golpear a algún adulto distraído, en este caso la propia madre del niño.


En 'Hilos de la Memoria'


Y así de bien luce el cuadro, en la Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura Giralt Laporta de Valdemorillo, en nuestra exposición "Hilos de la Memoria" en compañía de los tiestos tejidos y las flores de ganchillo de mi madre, que mi amiga Ana del Burgo reinterpretó y los organizó para hacer ese fantástico montaje, pero sobre ellos hablaré en una próxima publicación.


El cuadro está pintado con acrílicos sobre aglomerado, mide 126 cm de ancho. En el plano a continuación se muestra la ubicación de 'En el Parque' en la sala de la Giralt Laporta.





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Nuestra exposición, de Ana del Burgo y mía, ya se puede volver a visitar, le hemos dado un buen repaso a las obras para que estén como tan magníficas como estaban el 6 de marzo durante la inauguración. Puede ser visitada, con todas las medidas sanitarias reglamentarias, en horarios y grupos reducidos. Hay que pedir cita previa en el número de teléfono 91 897 76 15 o escribiendo a la dirección de correo electrónico cultura@aytovaldemorillo.com.



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Ya lo dijo Sartre 'Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.'
Hasta luego y ser felices,

Reinaldo Zamora Pérez