domingo, 19 de julio de 2020

El Piñonero Azul

¿Un pino piñonero azul? Parece increíble, pero es verdad, aquí está, con sus piñas azules. Deja volar la imaginación y lee la historia.

En la imagen les muestro a 'El Piñonero Azul', una instalación que incluye a un atrapasueños (hecho con ganchillo, junco y fibras), un bol y baldosas de vidrio, y piñas de pino piñonero.



Las piñas como inspiración

En el arte, las piñas de los pinos, tienen una enorme tradición como motivo de inspiración, se ha utilizado en todas las artes a lo largo de la historia y mi madre, no podía ser menos, es un motivo que tejió muchas veces.

Entre todas las piezas tejidas al ganchillo que dejó mi madre estaba el paño azul de la foto, me gusta mucho y por eso quería hacer algo especial, por su color, tamaño y los motivos de piña . Mide unos 53 cms de diámetro, tiene 12 piñas, 6 más grandes y 6 más pequeñas, tejidas con diferentes puntos de ganchillo. Se puede interpretar que hay otras 18 piñas tejidas en el paño pero que no son de piñas abombadas, como las del pino piñonero, sino que son piñas alargadas, como de pino resinero. Las piñas del piñonero tienen las puntas del cono hacia el borde del paño, mientras que las piñas de resinero tienen la punta del cono dirigidas al centro del paño, agrupadas en 4 grupos de tres piñas cada uno..


Anécdota

Aprovechando ese estupendo paño quería desarrollar una idea basada en una anécdota con las piñas que mi madre tejía en los paños de ganchillo.
Cuando era pequeño, jugaba al lado de mi madre, mientras ella trabajaba o hacía labores, siempre he sido muy observador y a veces detenía mis juegos para mirar lo que ella estaba haciendo, recuerdo que en aquella oportunidad me fijé en la figura que tejía en un paño de croché, me parecía bonita y le pregunté que qué era, ella me contestó que era 'una piña'. Hasta ese momento solamente conocía como piña a la fruta tropical, me quedé pensando que las de los tejidos eran unas piñas muy raras porque no se parecían en nada a la fruta. Esa idea me rondó por años en la cabeza, porque cada vez volvía a tejer paños con ese motivo, las piñas.
Vivíamos en un piso en Caracas, no había pinos, al menos no les recuerdo, el que se ponía en Navidad si acaso, y no tenía piñas. No fue hasta mi adolescencia, en 1976, la primera vez que salí de Venezuela en viaje a Canarias, que caí en cuenta de las piñas de los pinos, fue en un paseo a un parque llamado 'Las Raíces', había muchos pinos, de la especie canaria, y cogí mi primera piña en la mano, pregunté que era y me dijeron 'una piña', por fin caí en cuenta y las relacioné con las figuras de aquellos pañitos que mi madre tejió con tanta frecuencia.
Con el tiempo conocí las especies coníferas tropicales que hay en Venezuela, como el pino caribe, y claro al mudarme a la sierra de Madrid, muchas otras variedades que son muy comunes aquí.



En 'Hilos de la Memoria'

Para seguir la visita guiada por 'Hilos de la Memoria' me falta una foto para mostrar más claramente la ubicación en la sala de 'El Piñonero Azul', está después de las 'Gavetas', a mano derecha, en la primera puerta del horno, pero a falta de esa foto de ubicación les comparto esta otra foto de la inauguración, la obra es la que está a mi espalda (soy el calvo), a la derecha de las banderas. 

Durante la inauguración de 'Hilos de la Memoria', de izquierda a derecha Eva Ruiz - Concejal de Cultura, Pámela Spratz - Técnico de Cultura, Santiago Villena - Alcalde, yo y Ana Del Burgo.

La zona verde indica donde está ubicado 'El piñonero azul'


Atrapasueños

Si no sabes lo que es un atrapasueños aquí lo explico rápidamente. Es un objeto hecho a mano, cuya base es un aro fabricado tradicionalmente con madera, con una red en su interior y decorado con diversos elementos.
La tradición de los Ojibwa americanos dice que su función es filtrar los sueños, dejando pasar solo los buenos; los sueños que no se recuerdan es porque se han bajado por lo que cuelga del aro, que usualmente son plumas. Las pesadillas se quedan atrapadas en la red y se queman con la luz del sol al amanecer para que no se cumplan.
Generalmente se cuelgan con un hilo del techo, encima de la cama.
Para nosotros es mucho más que todo eso, es un objeto de arte.

Hablé del proyecto con Ana, esta idea surgió, cuando ya teníamos avanzadas el resto de las ideas para las obras de la exposición y ya estábamos con el tiempo justo, pero Ana vio claramente las posibilidades y que podía hacer un estupendo atrapasueños con ese paño, desde luego sería uno grande, probablemente el más grande que habría realizado hasta los momentos. Se puso manos a la obra a darle forma al junco, para poder armar y montar al atrapasueños.



Luego de seco el junco y ya con la forma de circunferencia, Ana cosió para montar el paño, uniéndolo con el marco.



Piñonero Azul

Mientras Ana montaba el atrapasueños yo continuaba dándole vueltas a la cabeza, pensando en como completar la obra, donde ubicarla, que nombre darle, etc.
Era evidente que el atrapasueños tendría que estar colgado y me lo imaginé como un pino, alto como un pino que se dice, un pino piñonero y azul, así surgió el nombre de la obra 'El Piñonero Azul'.
Las piñas caen de los pinos por lo que para hacer la fantasía más real decidí poner piñas azules debajo del atrapasueños. Me puse a recoger piñas, un montón de piñas, que cuando las tienes en el taller parecen muchísimas pero cuando las llevas a la sala de exposiciones siempre parecen pocas.


No tuve que ir muy lejos para recoger las piñas porque tengo ese estupendo ejemplar de pino piñonero en el patio y coincidió las fechas de preparación de la obra con la época en que caen las piñas.

Antes de pintarlas les hice hice un proceso para quitar la resina y acelerar el proceso de secado de las piñas.

Piñas recién recogidas.

Las piñas en remojo con agua caliente y vinagre para eliminar la resina.
Después las piñas las calenté al horno para quitarles la humedad, una vez secas me puse a pintarlas.

Piñas durante el proceso de pintura

Nunca es suficiente

Cuando me pongo con un tema sigo dándole vueltas hasta no estar completamente satisfecho y no me parecía suficiente, no creía que estuviera plasmando todo lo que quería expresar solamente con el atrapasueños y las piñas azules.
Me faltaba el vidrio, me puse a buscar trozos, me decidí por dibujar y pintar piñas, para hacer como unas baldosas, con el dibujo tomado del mismo paño y, ya con las piñas esmaltadas por mi en vidrio, con todo eso, integrarlo en la composición.


Las baldosas esmaltadas con piñas recién salidas del horno

Quería que todo el conjunto de la instalación 'El Piñonero Azul' luciera como una obra compacta, que se entendiera como una única obra, aunque estuviera elaborada con un montón de piezas separadas, así que le hablé a Ana de la posibilidad de poner flecos que colgaran de la parte de abajo del atrapasueños, que llegaran casi hasta el suelo, me dijo que si y se puso a ello, con algodón crudo y rafia azul. me dijo que si le podía llevar algunas escamas de piña para atarlas a los flecos, de inmediato salí al jardín a recolectar escamas de piña de los alrededores de nuestro piñonero.



Es increíble como las piñas se mantienen unidas, incluso al caer del árbol, casi siempre desde una altura considerable, y aún así la mayoría de las veces la piña se mantiene intacta, sin perder ni una escama, aún cayendo sobre superficies duras. Pero en algunos casos si se desprenden y reuní unas cuantas escamas, que también las pinté de azul para dárselas a Ana y que las uniera a los flecos.


Bol


Quería un contenedor para las piñas y, no se porqué, pero inicialmente asociaba las piñas con un cartón de huevos, supongo que es porque las piñas tienen forma parcialmente ovoide, por lo cual había pensado hacer un termoformado en vidrio con la forma del cartón de huevos y en lugar de huevos quería poner piñas naturales, Pero finalmente opté por hacer un bol, me pareció estéticamente más limpio, también circular como el atrapasueños, en tonos azules diluidos, como si la resina azul del pino pringara y se escurriera por las paredes del vidrio.


En la foto no se distingue pero la superficie del vidrio, por el lado de abajo, tiene una textura imitando las escamas de la piña.

Satisfacción por el trabajo bien hecho

Con esto por fin estaba contento, creía que por fin había cerrado el círculo y tenía la obra que quería, pero claro todo estaba en mi cabeza, faltaba ver como quedaría todo el conjunto instalado en la sala.
No puedo estar más contento de como quedó, incluso mejor de lo que me había imaginado.
Para instalar otras obras de la exposición me tuve que subir a una pasarela que pasa por encima de la sala y como eso ocurrió cuando el piñonero ya estaba instalado aproveche de tomar la siguiente foto, una pena que no haya acceso al público a la pasarela (es complicado llegar allí) porque da una visión totalmente diferente, por eso me encanta compartir esta foto que proporciona un ángulo que nadie más ha visto, a mi me parece que es el mejor que se puede tener para apreciar esta obra.


También me gusta mucho como quedó la zona del suelo. Sobre una peana plana blanca está el bol, con una sola piña dentro, rodeado de las baldosas de vidrio con el dibujo de las piñas, a manera de un mosaico, y las piñas naturales, pintadas en el tono azul del paño, colocadas a diferentes niveles aprovechando el empedrado y los escalones de los ladrillos antiguos del horno. Todo simbolizando que el paño es el pino del que han caído las piñas.


Con todas las fotos que he compartido en esta publicación y algunas más he montado un vídeo que se puede ver en mi canal de YouTube, aquí les dejo el enlace del vídeo https://youtu.be/nuk69nEEzqk

Hacer Piña


Al empezar la crisis del coronavirus, escuché varias veces la expresión 'Hacer piña' y , ya lo comenté antes, se refiere a esa maravillosa forma natural de las piñas, que a pesar de estar formada por un montón de piezas, cada una diferente, tiene la facultad de que siempre se mantienen unidas, como una sola. Pues esa piña que se pedía para ayudar a superar esta crisis, al menos aquí en España, saltó por los aires, cada escama cayó por su lado, así seguimos y no parece que haya forma de recomponerse.

En esos días del principio de la crisis, cuando unos cuantos soñadores creían que el mundo sería mejor y que todos y cada uno de nosotros volveríamos a la calle convertidos en personas ejemplares de los pies a la cabeza, la psicóloga italiana Francesca Morelli publicó el siguiente texto, justamente pidiendo hacer piña, se hizo viral en las redes sociales y se los transcribo a continuación, porque me gusto mucho cuando lo leí y lo guardé para compartilo en este momento.
https://www.facebook.com/IlBlogDellaPsicologa/posts/2490728477923163?__tn__=K-R

'La Piña' - acrílico sobre lienzo de la serie 'Puntadas sin Hilo'


“Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar...

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando...

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.

En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no) espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos porqué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todos ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia, a un alto precio."



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Fantasía, fantasía y más fantasía, que no falte por favor, pon a funcionar la imaginación en todo lo que hagas.

Hasta luego y ser felices,

Reinaldo Zamora Pérez

martes, 7 de julio de 2020

Puntadas sin hilo

Cuando era un niño mi madre cosía para fábricas, vestidos femeninos, llevaba el paquete con los vestidos terminados y volvía con el paquete con las telas cortadas y con todo lo necesario para confeccionarlos: botones, hilos, encajes, telas, patrones, etc. Cosía en su máquina Singer, la clásica negra con dorado con mueble de madera y hierro fundido. Al final de cada lote de costura quedaban piezas que pasaban a engrosar el costurero de mi madre, como ya lo conté en https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/05/gavetas.html

Pasados los años, aunque mi madre ya no cosía para fábricas y a que aprovechaba todo, seguían guardados un montón de retales de telas diferentes. A insistencia mía, accedió a hacer una colcha de parches, ella no sabía que era eso, se lo expliqué, porque lo había visto en algún sitio, y me puse a ayudarla, le cortaba las telas y ella las cosía; así que entre los dos hicimos una colcha de 'Patchwork', sin saber que se llamaba así a esa técnica.

Yo era joven, seguramente fue a finales de los 70's o principios de los 80's, porque me independicé a los 25, y eso fue antes de irme de la casa materna. Cuando nos mudamos a España, la colcha se quedó en Venezuela, porque ya tenía muchos años y estaba bastante gastada, así que no sabemos a dónde fue a parar.

Esa experiencia, que recuerdo con especial cariño porque fue algo que hicimos en conjunto mi madre y yo, me ha inspirado esta serie de cuadros que he pintado con la técnica de acrílico sobre lienzo, donde busco imitar los parches de tela con costuras pintadas. Una serie a la que he llamado 'Puntadas sin hilo', recordando la técnica del patchwork, donde he destacado el efecto de las costuras para que se vean, aunque sean pintadas.

Una ampliación de uno de los cuadros para que se puedan observar mejor las puntadas sin hilo.



Las primeras 'Puntadas sin Hilo'

Durante el año 2019, pasando una temporada en Canarias, pero ya con 'Hilos de la Memoria' en mente y las fechas de la exposición fijada, tenía que hacer algo manual, pero allí no tenía los materiales necesarios para trabajar (ni el vidrio, ni los ganchillos de mi madre), pero si podía pintar.

Necesitaba pintar unos cuadros para un piso que estaba decorando, y al estar conectado con el tema de la exposición y recordar lo de la colcha de patchwork, pinté los cuadros que les muestro a continuación, que, aunque no están en la exposición, si son el inicio de esta serie llamada 'Puntadas sin Hilo'.






La verdad que estaba muy entusiasmado con el resultado, cada vez que pintaba uno me gustaba más que el anterior, pero los creadores somos muy exigentes con nosotros mismos y si, eran muy bonitos. decorativos, tenían la anécdota del patchwork con mi madre pero, quería contar todavía más.

No necesitaba más lienzos, pero tenía unos marcos de fotos que estaban vacíos y pensé que les quedarían estupendas unas acuarelas originales pintadas por mi. Así que di otro salto, volví a mis inicios infantiles que fueron con acuarela, pero ahora con un propósito, esta serie de 'Puntadas sin Hilo' y el plus, que era incorporar una figura central al cuadro. Me puse con ello, primero fue un corazón, después una hoja, más tarde una caracola.

'Corazón' - acuarela sobre papel. Serie 'Puntadas sin hilo'


'Hoja' - acuarela sobre papel. Serie 'Puntadas sin hilo'


'Caracola' - acuarela sobre papel. Serie 'Puntadas sin hilo'


Y así fue como decidí que los cuadros que quería pintar para 'Hilos de la Memoria', además de recordar la anécdota del patchwork, también deberían tener un motivo central que contara otra historia.

En 'Hilos de la Memoria'

En esta muestra son nueve cuadros los de la serie 'Puntadas sin Hilo', y están distribuidos como se ve en el plano de la sala que mostramos a continuación, señalados en verde.



Los cuadros son los siguientes, por la derecha son estos seis: 'Piña', 'Lechosa', 'Caracola', 'Corazón', 'Isla bonita' y 'Hojarasca'.



Por la izquierda hay tres cuadros 'Superluna', 'Montaña de la Felicidad' y 'Pera y Manzana'.

Entre 'La Montaña de la Felicidad' y 'Pera y Manzana' está ubicada otra obra, que se llama 'No mires atrás'.



Piña

La historia con las piñas ya la conté en el 'Piñonero Azul', este cuadro con una piña, también azul, es una prolongación de aquella otra obra, de la que pueden leer y ver las fotos en https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/05/una-pina.html



Lechosa


En Antímano nuestra vecina Bibina tenía un enorme granado a la entrada de su casa, y en el patio de atrás tenía dos árboles de aguacates, será porque yo era pequeño, pero a mí me parecían gigantes, en temporada me asomaba a la ventana, me entretenía contando el montón de aguacates que colgaban de sus ramas. En la cosecha siempre nos regalaba, trato de recordar el rostro de Bibina y no lo consigo, sin embargo parece que estuviera probando ahora mismo el delicioso sabor de aquellas frutas jugosas, cada una con sus respectivos aroma a fruta madura.

En mi casa no faltaba la lechosa (papaya en España), a mi madre le encantaba, la comía a diario, las compraba verde y con el cuchillo le hacia cortes a lo largo de la piel para deslecharla. A mí no me gustaba la lechosa, aunque estuviera madura, ni que me la diera picadita, ni con azúcar. Lo que si me gustaba y me sigue gustando es el dulce de lechosa, aunque hace mucho que no lo como, se hace con la lechosa verde y es típico en Venezuela para la Navidad.

Cuando me vine a Madrid entendí el privilegio que representa vivir en un clima tropical, porque permite tener generosos frutales, que con poco cuidado dan una cosecha espléndida de frutos hermosos. Recuerdo un árbol de mango en cada esquina y lechosas, con sus frutos grandes, carnosos, con mucho que comer y sabor a fruta de verdad. Ahora quisiera comer de aquellas lechosas que antes despreciaba.




La Caracola 


Ir a la playa era lo mejor del mundo, teníamos pocas oportunidades de hacerlo, porque, aunque no era lejos, mi madre nunca tuvo coche ni aprendió a conducir así que teníamos que esperar a que familia, amigos o vecinos nos invitaran. Teníamos unos primos que vivían en Las Salinas y allí fue donde más veces fui a la playa. Desde el momento que llegaba no salía del agua, me tenían que obligar para salir a comer o a descansar.

No quería comer en la playa porque luego había que esperar dos horas, ¡dos largas horas!, para hacer la digestión y poder volver al agua, así que ese tiempo lo dedicaba a buscar entre la arena, porque recuerdo que en aquella época la orilla siempre estaba llena de tesoros, conchas marinas o trozos de vidrio matizados por el roce de las olas del mar, los recogía y hacía colección, otra cosa que se perdió con las mudanzas. Ahora cuando voy a la playa no encuentro tesoros, solamente colillas y basura plástica. 



Corazón

Después de años de luto riguroso, por la muerte de mis abuelos, primero su madre y sin terminar el luto por ella, su padre, por fin se lo quitó, dijo que no se volvería a vestir de luto, y llegó el color. Muchas veces con combinaciones que en principio a mi me parecían estridentes, que yo, dentro de mi inocencia y curiosidad le cuestionaba, pero ella se mantenía en sus trece, colores muy alegres, vivos, con muchas flores, pero no solo en una prenda, que podía estar bien, sino que se las ponía una sobre la otra, al mismo tiempo, cada una con estampados diferentes y gamas de colores distintos.

Así aprendí a mirar el mundo de otra manera y a procurar apreciar cada matiz aunque en principio no me parezca que combinen.




'Isla Bonita' / 'Hojarasca'

La 'Isla Bonita' y 'Hojarasca' son los dos cuadros siguientes, cada uno de ellos tiene una entrada especifica en este blog.
'Isla Bonita' https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/06/la-isla-bonita.html
'El Crujir de la Hojarasca' https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/06/el-crujir-de-la-hojarasca.html



Del otro lado

Vamos ya con los del lado izquierdo: 'Superluna', 'Montaña de la Felicidad' y 'Pera y Manzana'





Superluna


Recuerdo que los años que mi madre vivió en Candelaria, en Tenerife, fueron sus años más felices, a pesar de que ya era mayor y se puede pensar que la falta de juventud era una desventaja, y claro el tener lejos a sus hijos y nietos era una gran contrariedad, pero sin embargo creo que la libertad de movimiento compensaba cualquier aspecto negativo, se lo notaba cuando hablaba con ella o cuando la iba a visitar.

Por primera vez era independiente, sin preocupaciones por el dinero, tenía su pequeña pensión que le era más que suficiente, le daba independencia económica, sin tener que trabajar más, con tiempo y un poquito de dinero, estando en un sitio con todo a mano, y que lo que más le preocupaba, que eran los achaques, porque era bastante hipocondríaca, tenía muy a mano el centro de salud, la farmacia y el resto de servicios, como los supermercados o la panadería, podía ir a hacer todo caminando.

Iba a los bailes semanales en el Centro de Mayores 'Antón Guanche', que le quedaba al cruzar la calle, y su preocupación durante la semana era saber que se iba vestir para el baile o los paseos con el hogar del mayor, así que cada semana me decía que se había comprado algo, una blusa, una falda  lo que fuera.

El apartamento de Candelaria tiene vistas espectaculares, al mar, mi madre estaba encantada con vivir allí, y cada luna llena, desde su ventana parece una superluna.




La Montaña de la Felicidad






Pera y Manzana

Este cuadro lo hice como una versión de una acuarela que pinté, hace muchos años, que también está en la exposición y de la que hablaré en otra entrada dedicada a mi madrina Juana. 



El décimo

Hay un décimo cuadro de la serie 'Puntadas sin hilo', el más grande, pero forma parte de una instalación que se llama 'Escalera al Cielo', de la que todavía no he publicado en el blog. El cuadro se llama 'Nube' y hace de cielo en la mencionada instalación.





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Si quieres además hacer una visita física a 'Hilos de la Memoria', estaremos encantados de recibirte, porque las obras y nosotros estamos deseando contar historias y de escuchar las de los visitantes. 
La sala cuenta con las medidas sanitarias reglamentarias, para visitas en horarios y grupos reducidos. Hay que pedir cita previa en el número de teléfono 91 897 76 15 o escribiendo a la dirección de correo electrónico cultura@aytovaldemorillo.com.



Lo más emocionante de todo este proceso es cuando los visitantes, en vivo o virtuales, nos cuentan sus propias memorias.

Hasta luego y ser felices,

Reinaldo Zamora Pérez

miércoles, 1 de julio de 2020

Cabezas Creativas

Yoga y Ganchillo, la pareja perfecta

Para algunos hacer ganchillo es el nuevo yoga, así lo leí en algunos reportajes mientras preparaba el proyecto "Hilos de la Memoria". A mi no me lo parece, primero porque el ganchillo no es nada nuevo y segundo que son dos actividades muy diferentes.

De lo que si estoy convencido es de que son dos actividades que se pudieran complementar de una manera extraordinaria, que nos llevaría un paso más allá en bienestar, del que nos pueda proporcionar realizar solo una de esas actividades.

Así que, "Yoga y Ganchillo, la Pareja Perfecta", me suena a un mejor titular. Estuve en clases de yoga los últimos meses antes del confinamiento, porque hace tiempo que quería hacerlo, pero además para poder tener un criterio mejor formado al escribir sobre el tema.



Es fácil conocer personas que practican yoga, también conocer a otras que hacen ganchillo.

El yoga busca que, al practicarlo, alcancemos el equilibrio de nuestro físico, psiquis y espíritu, cuando se logran, los tres, estaremos en armonía. Es una práctica milenaria que está suficientemente comprobada.

También está comprobada la efectividad del ganchillo, estudios científicos lo avalan, y lo podemos verificar nosotros mismos, cuando preguntamos a personas que hacen ganchillo, u otras actividades creativas, generalmente lo primero que manifiestan es la sensación de bienestar que alcanzan al hacerlo, frecuentemente dicen que el ganchillo las hace felices.

Así que la combinación de practicar yoga con actividades creativas, como el ganchillo, puede ser la máxima expresión de la armonía y el equilibrio personal.


Vuelve con fuerza el ganchillo

Varias veces he leído eso, como si fuera una frase intentando recuperar una labor pérdida, pero no es verdad, nunca se ha dejado de hacer, ha habido modas que lo han hecho estar más o menos visible, claro que nunca ha vuelto a ser como fue con nuestras abuelas, pero el arte de tejer nunca se irá.

Se sigue haciendo como actividad individual o pasatiempo de fin de semana, practicado en la soledad de casa, pero al igual que hay centros para ir a practicar yoga, ahora también hay lugares donde ir a hacer ganchillo, pueden ser reuniones periódicas en sitios públicos, en cafeterías, o en mercerías;  pero existe una tendencia para reconvertirla en una actividad grupal, talleres dedicados a compartir en locales "cuquis", con la etiqueta DIY (Do it yourself, que en español significa, hazlo tu misma). Al finalson una versión moderna de los antiguos corrillos para tejer de las vecinas.

Las redes sociales también se han convertido en el altavoz perfecto para difundir esta afición y compartir trucos, técnicas y estilos de tejidos.



La clave que hace que no se pierda la afición por tejer, es la sencillez de su aprendizaje, la velocidad en el perfeccionamiento de las técnicas, pudiendo pasar de un punto más sencillo a realizar otros más complicados en un periodo de tiempo relativamente corto, lo que potencia el sentimiento de superación y capacidad de mejora. Además, es bien sabido, lo sabían las abuelas y lo sabía mi madre, el ganchillo es adictivo, y eso hace que las ganas de aprenderlo vayan en aumento cada vez.



Beneficios de tejer

Tejer, bien sea ganchillo, a dos agujas o en telar, sirve para combatir el estrés, la ansiedad y relajar la mente. Dedicar ese momento cada día, a centrarse en algo que disfrutamos y motiva, es fundamental para la estabilidad y el bienestar propio. El ganchillo es el más popular, es lógico, no necesita sino de una pequeña aguja y un ovillo que se pueden llevar fácilmente a cualquier lugar.

Pero es que además, científicos y médicos especializados, como neurólogos, recomiendan la realización de manualidades, artesanías u otros entretenimientos para mejorar la memoria y prevenir la aparición de enfermedades degenerativas cerebrales, y en eso tejer es fantástico, porque hay que contar y estar pendiente de la secuencia de los puntos; son buenos ejercicios para mantener las cabezas activas.

También está recomendado como práctica para aliviar los problemas de huesos y articulaciones y así evitar el progreso de afecciones, como pueden ser las artritis y artrosis en las manos.



Tejer requiere de paciencia, constancia, auto-disciplina, pero, en compensación, ayuda a desarrollar nuestra capacidad creativa y artística. Y tiene una estupenda recompensa, en forma de subidón de autoestima, que se obtiene al finalizar cada labor. Todo esto (paciencia, constancia, auto-disciplina, creatividad artística) más el bienestar, la sensación de felicidad, y también la adicción; lo vi y lo comprendí con mi madre.

Así que si, mi conclusión es que el ganchillo es un yoga mental, que lleva a alcanzar el equilibrio y la armonía del espíritu. En yoga se designa como yogui a los practicantes más avanzados e informados, definitivamente mi madre era una yogui del ganchillo.




Cabezas Creativas

Para representar a esas mentes bonitas, que están en armonía por hacer ganchillo, he creado estas dos piezas de las fotos, combinando el ganchillo con el vidrio, el material que más he trabajado y al que me he dedicado estos últimos 20 años. Las piezas se llaman "Cabezas Creativas", que no es por nada, pero me encantan, con esa especie de cerebro donde las neuronas están conectadas por puntadas de ganchillo.



  


En 'Hilos de la Memoria'

La ubicación de las dos 'Cabezas Creativas' en la sala de exposiciones, es en los salientes, una a cada lado, de la puerta de entrada al horno central. Está indicado en verde en el plano a continuación.



Dónde aprender ganchillo

Los talleres y sitios para aprender se pueden encontrar en cualquier ciudad, en las tiendas que venden los materiales, como las mercerías, que enseñan a aprender manualidades y hacer las cosas por nosotros mismos. Luego están los vídeos tutoriales, que proliferan realizados directamente por las artesanas, pero también muchos vídeos profesionales patrocinados por las mismas empresas de las marcas de productos.

En Valdemorillo tenemos la suerte de contar con Ana Del Burgo, que desde su taller imparte clases para diferentes niveles de ganchillo, también se mueve por diferentes tiendas y escuelas de otros pueblos de la sierra, compartiendo, con quien esté interesado, su buen hacer con el ganchillo.



Únete a nuestro proyecto

La exposición está en la Casa de Cultura de Valdemorillo, puedes tener una visitada guiada, pidiendo cita previa durante Julio y Agosto, en horarios especiales, según se muestra en el cartel. 




Sino puedes asistir, aquí te la seguimos contando. 

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Saludos y por favor no dejen de crear, para ser más felices, 

Reinaldo Zamora Pérez