domingo, 19 de julio de 2020

La Mirada del Corazón

He dado muchas vueltas para escribir la historia de 'La Mirada del Corazón', aquí voy otra vez, a ver si en este intento la termino. Para mi sin duda es la instalación más compleja, es que está compuesta por muchos elementos y es donde tengo más cosas que decir.



Idea inicial

La concepción inicial de esta instalación fue de Ana del Burgo, me dio la explicación de una idea que había tenido, hice un primer dibujo con lo que le había entendido de su descripción, y resulta que no era ni parecido a lo que ella había imaginado ja ja ja, entonces me aclaró algunas cosas, entendí, y fue cuando hice el dibujo que se ve a continuación, que nos serviría para trabajar como guía para ejecutarlo.




Sería una red tejida en forma de embudo, para colgar en uno de los antiguos hornos de la fábrica (que ahora forman parte de la esplendida sala de exposiciones), el final del embudo llegaba a un corazón. Pero realmente el sentido de la interpretación sería al revés, es decir, desde el corazón parten los hilos para tejer ese gran embudo, con La Mirada del Corazón.


Maduración y ejecución para 'Hilos de la Memoria'

Fuimos al centro cultural, a medir para saber las dimensiones que debería tener la red-embudo, e imaginar como colgarlo, sería enorme, aún así Ana estaba dispuesta a tejerlo.
Pasamos unos días madurando la idea, valorando el material de tejidos ya elaborados que teníamos (que deberíamos usar, porque era el principal sentido de la exposición: reciclar lo que estaba hecho y convertirlo en piezas de exhibición), con eso nos dimos cuenta que esta instalación sería la ideal para mostrar las piezas más grandes, sin tener que tejer ese gran embudo.

Coincidía que estábamos trabajando simultáneamente en la ejecución de otro montón de ideas, que requerían de mucho tiempo para poder realizarlas, de forma que Ana no se podía dedicar de manera exclusiva a tejer la red, de haberlo hecho así, mucho de todo lo demás nunca lo hubiéramos terminado, y no podrían estar ahora en la exposición.

Así que pasadas las semanas y hasta meses, desde la idea inicial (sería interminable relatar aquí todas las consideraciones que hicimos a lo largo de todo este tiempo), llegamos a la instalación que finalmente está en en uno de los hornos, el que se muestra en verde en el plano a continuación.



Una propuesta que ¡WOW! ¡Qué contentos estamos con el resultado final!
Esta instalación tiene vídeo en el canal de youtube https://youtu.be/pHAqhMmSqmI

Fotografía cortesía de Julio Cesar Mesa Arboleda.


Historia

En mi proceso para crear necesito tener una historia que contar, que me sirva de hilo conductor.  En este caso el proceso fue todo al revés, Ana tuvo la idea y luego el desarrollo a la par que los Hilos de la Memoria me surgían, para ir hilvanando la historia que a continuación relato.

Cuando vine al mundo mi madre tenía 34 años, de mi niñez y adolescencia la recuerdo, además de cosiendo a máquina, también bordando manteles, sábanas, toallas y ropa, trabajaba por encargo, hacía un trabajo muy delicado. Crocheteaba en hilo fino y en perlé, con agujas metálicas de gancho pequeño: mantas, faldones, gorros y patucos para bebés, también otros tipos de piezas, para adultos y el hogar.

Con los años y el esfuerzo la vista le fallaba, le mandaron a usar gafas, compró unas grandes, desde ese momento siempre las usó así, grandes; pero llegó un punto que tuvo que dejar de bordar, no veía, tenía más dificultad con los colores oscuros, luego también tuvo que dejar de hacer ganchillo con hilos finos y fue cuando se pasó a los estambres, lanas gruesas, con agujas con el gancho grande.


1985 - El gran cambio

En 1985 terminé la carrera universitaria y a partir de ahí, y debido a eso, se sucedieron cambios que marcaron el camino hacia mi vida futura. Mejor empleo, más ingresos. También acarreó que al no tener que ir a clases, ni preparar materias, ni estudiar para exámenes, por fin tenía tiempo libre.

Con mi madre en la Universidad Central de Venezuela, después del acto de grado en el Aula Magna, uno de los momentos más felices que recuerdo. Fue el 13 de diciembre de 1985.


Antes del 85 fui un joven responsable, empecé a trabajar a los 14 años (los fines de semana y en las vacaciones), ya nunca dejé de hacerlo. Cuando terminé la secundaria, y mientras esperaba el cupo para la universidad, seguí trabajando, ya en horario completo, estudiaba en horario nocturno, dos años para obtener un título de contable. Al terminar esos estudios entré en la Universidad, hice toda la carrera también de noche. Me levantaba cada día a las 5 y regresaba casi a media noche para cenar y meterme en la cama. A pesar de todos los sacrificios hice la carrera en 5 años y medio, solamente un semestre más de los 10 en los que debería hacerlo un chico dedicado solamente a sus estudios.

Al graduarme, aunque trabajaba mucho más en la oficina, también tenía mucho más tiempo libre que cuando estudiaba; me sobraba dinero para algún capricho, después de pagar todo lo que me correspondía y de lo que ahorraba. Con lo cual por fin podía tener tiempos de ocio. Mi madre ya tenía 60 años, mis hermana y mi hermano hace mucho que se habían marchado, para formar sus propias familias, solamente estábamos en mi casa mi madre y yo. Cuando empecé a irme de excursión, a la playa, o con amigos los fines de semana, mi madre no lo encajó bien. Le gustaba mi faceta de estudiante y de trabajador, pero no la de que me divirtiera y mucho menos que saliera de fiesta, a pesar de que nunca me he emborrachado, ni me he pasado de copas, ni siquiera me he fumado un cigarrillo, aunque lo probé, pero no me gustó, no era para mi.

Un viernes al terminar de trabajar salí a tomar algo con los compañeros de la oficina, luego me encontré con amigos, después a bailar y así, pasándolo bien, como le apetece a cualquier joven de 25 años, se me hizo de madrugada, al llegar a casa, ya con las claras del día, mi madre me estaba esperando en el sofá, desencajada, llorando, sin dormir toda la noche. Le expliqué que si ya era adulto y responsable para estudiar, trabajar, ganarme la vida, también tendría que poder divertirme de vez en cuando, ella me contestó que mientras viviera en su casa tendría que respetar las normas y los horarios, le dije que me parecía bien, que entonces yo tendría que buscar a donde irme.


El amor es música

Esa mayor vida social también me llevó a enamorarme, al ritmo del Careless Whisper de George Michael, y de otro montón de canciones que marcaron mi vida durante ese ciclo, las pueden escuchar y mirar en dos listas que he elaborado para mi canal de Youtube, este es el enlace a la primera de las listas

Cuando me puse a recopilar todas las canciones, me venían en cascada a la memoria los temas y artistas, al final eran tantas canciones de ese ciclo del cambio, entre 1984 y 1985 que tuve que separarlas en dos listas del YouTube, este es el  segundo enlace, que empieza con Queen y su I Want To Break Free  

Pero a pesar de haber seleccionado dos canciones de grandes artistas internacionales para encabezar esas listas, están llenas de temas de aquí y de allá, muchas de cantantes y grupos venezolanos, porque tuve la suerte de coincidir en ese ciclo con la llamada época dorada de la música en Venezuela, una ley obligaba a que en las radios se pusiera una canción nacional por cada extranjera, o cual potenció la creación local.

Una de las ventajas de ser hijo de emigrantes es que te genera curiosidad, al menos en mi caso, por lo de aquí y lo de allá, estar abierto a apreciar y valorar todo sin importar su procedencia, y esa amplitud de miras es algo que tengo que agradecer mucho a haber nacido, crecido y formado en un país caribeño pero en el seno de una familia canaria.

Luego sucede algo que supongo le pasará a la mayoría de las personas, que aquellas canciones de juventud, de los primeros amores, de los bailes juveniles, te van a parecer que serán las mejores para toda la vida y que como aquellos artistas no habrá nunca otros que les superen.


Tejer como Penélope

Pues con esas ganas de volar decidí que tenía que dar el gran paso, así que de inmediato  me puse a buscar una vivienda, obtuve un préstamo hipotecario y me compré un apartamento, en cuanto me lo entregaron me mudé. Me independicé pronto, a los 25 años.

Esa decisión mi madre la encajó aún peor ¿Cómo su niño se iba a ir de la casa, sin pasar por la vicaria, y de un momento para otro? Fue terrible para ella, no paraba de llorar y de pedirme que volviera, entonces si me ofrecía que podría salir de fiesta cuando quisiera, pero que no quería estar sola. Pero ya me había ido, para no volver. Arrastró por años ese trauma, fueron tiempos duros para ella porque no se resignaba y nada le daba consuelo.

Para mi tampoco era fácil, mi madre sabía hacerme sentir culpable, esos pequeños chantajes emocionales que a veces eran muy grandes. Hacía tiempo que ella había dejado de hacer ganchillo en hilo fino, y con más de 60 años no lo quería retomar, porque era forzar mucho la vista, pero le dije que no tenía nada hecho por ella para mi casa y le pedí, nada más y nada menos, que me hiciera una colcha de croché, con hilo fino para mi nueva cama matrimonial (en realidad no tenía cama, sino un colchón en el suelo) pero aspiraba a tenerla. Eso le ocuparía mucho tiempo, la ayudaría a sobrellevar la situación y a mi me dejaría una pieza que de verdad deseaba tener, un recuerdo para siempre de ella.

Con gran dificultad, pero con mucho ánimo, se puso a hacerla, no sé achicaba ante los retos, y menos si era de una técnica que dominaba tan bien, así que con mala vista, pero con la potente mirada del corazón, tejió por muchos meses, más de un año, como Penélope, con la esperanza de que su niño volviera a casa, la colcha, grande, para mi cama de matrimonio, hasta que la terminó. Por eso esa colcha que me tejió es la que está debajo de los corazones.




Tres corazones remendados

Conversando sobre esta instalación con mi compañero en Fulkolor, Miguel, y contándole del corazón que tenia que hacer para el centro de esta instalación, le dije que pensaba que iba a quedar muy pequeño ante las dimensiones del espacio, me dijo que porque no hacía varios. Me pareció buena idea y decidí que tres era el número ideal, así que metido en el taller, resuelto a elaborar los tres corazones, me puse a hacer la plantilla con la forma que los quería.

Pensé en hacer los tres con parches, tipo retales, es un motivo que me gusta mucho y ya estaba pintando los cuadros de la serie 'puntadas sin hilo', pero nuevamente Miguel dijo que tenía otra idea para que no fueran los tres iguales y fue a quien se le ocurrió las tiritas para el corazón partío y la cremallera,
Definitivamente quedaron mucho más llamativos los tres corazones partíos, uno con dibujos de parches, el otro con tiritas y el tercero con cremallera, que reflejan perfectamente lo que quería expresar con ellos: el corazón roto, pero remendado, de una madre que sigue adelante a pesar de todos los obstáculos.



La manga color naranja

Desde el centro de los corazones, sale una madeja y sube para crear ese remolino, esa manga, que a la vez es como una llamarada, de un corazón vivo, que se mueve con cada latido, con cada suspiro.
Está tejido por Ana, realmente es un chal, que atravesó con junco para darle la forma que tiene.



La mente olvida pero el corazón recuerda

Y claro, mientras se teje es imposible no pensar en otras cosas, a pesar de que tejer requiere de mucha atención, para no perder el orden de los puntos, hay que contar, pero también son muchas horas para recordar y un corazón tan sufrido, con tantas heridas y tanta vida detrás, tiene mucho de lo que hacer memoria.
Por eso los cinco paños raídos, zurcidos pero ajados, que cuelgan de los muros del horno, para simbolizar todos esos recuerdos representados en esas fotos antiguas que cuelgan de ellos, un montón de fotos, de la familia y amistades de mi madre, a los que dejó en La Palma cuando emigró a Venezuela, y otros diluidos en el tiempo, de los que ya nadie se acuerda.


Como en ese paño, en el cual el espacio central la ocupa la foto mi abuelo materno (se ve más grande en la siguiente foto).


O en este otro donde los agujeros representan los trozos de memoria perdidos, cuantos momentos importantes vividos, que luego ya nadie los recordará jamas.



20 euros

El el techo de esta instalación hay otra magnifica colcha, enmarcando y aportando calidez a todo este  conjunto, tiene otra interesante historia. No sabemos quien la tejió, Ana cuenta que paseando por un mercadillo había un puesto donde vendían muchas piezas tejidas, parecian de los que recogen cosas por las casas, fue a sacar una foto a esta colcha porque le llamó la atención el punto, el vendedor se la ofreció, pensó que costaría mucho, pero al preguntar cuanto costaba, simplemente por saber, se sorprendió cuando le pidió solamente 20 euros. No dejamos de asombrarnos cada vez que contamos esta historia, tanto trabajo, los días que echaría la señora que la tejió, es que solamente en hilo sería mucho más de los 20 euros. Ahí está, en un lugar destacado, como un homenaje del trabajo, tan poco valorado, de esas mujeres anónimas, como mi madre.



Visillos

Para terminar de darle el toque, quisimos colgar de las dos ventanas que comunican el horno de la sala de exposiciones con el patio de butacas del auditorio, con los visillos que la madre de Ana le tejió como parte de su ajuar, y que seguramente también los hizo con la mirada de su corazón.



Visitas

Seguimos con las visitas presenciales y guiadas en la sala, hasta el 29 de agosto, en la siguiente imagen están los datos necesarios para concertarlas.


Para efectuar la visita virtual guiada propuesta en este blog proponemos seguir el indice incluido en la publicación de este enlace https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/06/indice.html

Les invitamos a suscribirse al blog y al canal de youtube, así como a seguirnos en Facebook e Instagram, en la columna de la derecha están todos los íconos para hacerlo fácilmente.

Y colorín colorado, por fin he terminado de redactar 'La Mirada del Corazón', espero les guste y les deseo que sean felices.

Reinaldo Zamora Pérez.

El Piñonero Azul

¿Un pino piñonero azul? Parece increíble, pero es verdad, aquí está, con sus piñas azules. Deja volar la imaginación y lee la historia.

En la imagen les muestro a 'El Piñonero Azul', una instalación que incluye a un atrapasueños (hecho con ganchillo, junco y fibras), un bol y baldosas de vidrio, y piñas de pino piñonero.



Las piñas como inspiración

En el arte, las piñas de los pinos, tienen una enorme tradición como motivo de inspiración, se ha utilizado en todas las artes a lo largo de la historia y mi madre, no podía ser menos, es un motivo que tejió muchas veces.

Entre todas las piezas tejidas al ganchillo que dejó mi madre estaba el paño azul de la foto, me gusta mucho y por eso quería hacer algo especial, por su color, tamaño y los motivos de piña . Mide unos 53 cms de diámetro, tiene 12 piñas, 6 más grandes y 6 más pequeñas, tejidas con diferentes puntos de ganchillo. Se puede interpretar que hay otras 18 piñas tejidas en el paño pero que no son de piñas abombadas, como las del pino piñonero, sino que son piñas alargadas, como de pino resinero. Las piñas del piñonero tienen las puntas del cono hacia el borde del paño, mientras que las piñas de resinero tienen la punta del cono dirigidas al centro del paño, agrupadas en 4 grupos de tres piñas cada uno..


Anécdota

Aprovechando ese estupendo paño quería desarrollar una idea basada en una anécdota con las piñas que mi madre tejía en los paños de ganchillo.
Cuando era pequeño, jugaba al lado de mi madre, mientras ella trabajaba o hacía labores, siempre he sido muy observador y a veces detenía mis juegos para mirar lo que ella estaba haciendo, recuerdo que en aquella oportunidad me fijé en la figura que tejía en un paño de croché, me parecía bonita y le pregunté que qué era, ella me contestó que era 'una piña'. Hasta ese momento solamente conocía como piña a la fruta tropical, me quedé pensando que las de los tejidos eran unas piñas muy raras porque no se parecían en nada a la fruta. Esa idea me rondó por años en la cabeza, porque cada vez volvía a tejer paños con ese motivo, las piñas.
Vivíamos en un piso en Caracas, no había pinos, al menos no les recuerdo, el que se ponía en Navidad si acaso, y no tenía piñas. No fue hasta mi adolescencia, en 1976, la primera vez que salí de Venezuela en viaje a Canarias, que caí en cuenta de las piñas de los pinos, fue en un paseo a un parque llamado 'Las Raíces', había muchos pinos, de la especie canaria, y cogí mi primera piña en la mano, pregunté que era y me dijeron 'una piña', por fin caí en cuenta y las relacioné con las figuras de aquellos pañitos que mi madre tejió con tanta frecuencia.
Con el tiempo conocí las especies coníferas tropicales que hay en Venezuela, como el pino caribe, y claro al mudarme a la sierra de Madrid, muchas otras variedades que son muy comunes aquí.



En 'Hilos de la Memoria'

Para seguir la visita guiada por 'Hilos de la Memoria' me falta una foto para mostrar más claramente la ubicación en la sala de 'El Piñonero Azul', está después de las 'Gavetas', a mano derecha, en la primera puerta del horno, pero a falta de esa foto de ubicación les comparto esta otra foto de la inauguración, la obra es la que está a mi espalda (soy el calvo), a la derecha de las banderas. 

Durante la inauguración de 'Hilos de la Memoria', de izquierda a derecha Eva Ruiz - Concejal de Cultura, Pámela Spratz - Técnico de Cultura, Santiago Villena - Alcalde, yo y Ana Del Burgo.

La zona verde indica donde está ubicado 'El piñonero azul'


Atrapasueños

Si no sabes lo que es un atrapasueños aquí lo explico rápidamente. Es un objeto hecho a mano, cuya base es un aro fabricado tradicionalmente con madera, con una red en su interior y decorado con diversos elementos.
La tradición de los Ojibwa americanos dice que su función es filtrar los sueños, dejando pasar solo los buenos; los sueños que no se recuerdan es porque se han bajado por lo que cuelga del aro, que usualmente son plumas. Las pesadillas se quedan atrapadas en la red y se queman con la luz del sol al amanecer para que no se cumplan.
Generalmente se cuelgan con un hilo del techo, encima de la cama.
Para nosotros es mucho más que todo eso, es un objeto de arte.

Hablé del proyecto con Ana, esta idea surgió, cuando ya teníamos avanzadas el resto de las ideas para las obras de la exposición y ya estábamos con el tiempo justo, pero Ana vio claramente las posibilidades y que podía hacer un estupendo atrapasueños con ese paño, desde luego sería uno grande, probablemente el más grande que habría realizado hasta los momentos. Se puso manos a la obra a darle forma al junco, para poder armar y montar al atrapasueños.



Luego de seco el junco y ya con la forma de circunferencia, Ana cosió para montar el paño, uniéndolo con el marco.



Piñonero Azul

Mientras Ana montaba el atrapasueños yo continuaba dándole vueltas a la cabeza, pensando en como completar la obra, donde ubicarla, que nombre darle, etc.
Era evidente que el atrapasueños tendría que estar colgado y me lo imaginé como un pino, alto como un pino que se dice, un pino piñonero y azul, así surgió el nombre de la obra 'El Piñonero Azul'.
Las piñas caen de los pinos por lo que para hacer la fantasía más real decidí poner piñas azules debajo del atrapasueños. Me puse a recoger piñas, un montón de piñas, que cuando las tienes en el taller parecen muchísimas pero cuando las llevas a la sala de exposiciones siempre parecen pocas.


No tuve que ir muy lejos para recoger las piñas porque tengo ese estupendo ejemplar de pino piñonero en el patio y coincidió las fechas de preparación de la obra con la época en que caen las piñas.

Antes de pintarlas les hice hice un proceso para quitar la resina y acelerar el proceso de secado de las piñas.

Piñas recién recogidas.

Las piñas en remojo con agua caliente y vinagre para eliminar la resina.
Después las piñas las calenté al horno para quitarles la humedad, una vez secas me puse a pintarlas.

Piñas durante el proceso de pintura

Nunca es suficiente

Cuando me pongo con un tema sigo dándole vueltas hasta no estar completamente satisfecho y no me parecía suficiente, no creía que estuviera plasmando todo lo que quería expresar solamente con el atrapasueños y las piñas azules.
Me faltaba el vidrio, me puse a buscar trozos, me decidí por dibujar y pintar piñas, para hacer como unas baldosas, con el dibujo tomado del mismo paño y, ya con las piñas esmaltadas por mi en vidrio, con todo eso, integrarlo en la composición.


Las baldosas esmaltadas con piñas recién salidas del horno

Quería que todo el conjunto de la instalación 'El Piñonero Azul' luciera como una obra compacta, que se entendiera como una única obra, aunque estuviera elaborada con un montón de piezas separadas, así que le hablé a Ana de la posibilidad de poner flecos que colgaran de la parte de abajo del atrapasueños, que llegaran casi hasta el suelo, me dijo que si y se puso a ello, con algodón crudo y rafia azul. me dijo que si le podía llevar algunas escamas de piña para atarlas a los flecos, de inmediato salí al jardín a recolectar escamas de piña de los alrededores de nuestro piñonero.



Es increíble como las piñas se mantienen unidas, incluso al caer del árbol, casi siempre desde una altura considerable, y aún así la mayoría de las veces la piña se mantiene intacta, sin perder ni una escama, aún cayendo sobre superficies duras. Pero en algunos casos si se desprenden y reuní unas cuantas escamas, que también las pinté de azul para dárselas a Ana y que las uniera a los flecos.


Bol


Quería un contenedor para las piñas y, no se porqué, pero inicialmente asociaba las piñas con un cartón de huevos, supongo que es porque las piñas tienen forma parcialmente ovoide, por lo cual había pensado hacer un termoformado en vidrio con la forma del cartón de huevos y en lugar de huevos quería poner piñas naturales, Pero finalmente opté por hacer un bol, me pareció estéticamente más limpio, también circular como el atrapasueños, en tonos azules diluidos, como si la resina azul del pino pringara y se escurriera por las paredes del vidrio.


En la foto no se distingue pero la superficie del vidrio, por el lado de abajo, tiene una textura imitando las escamas de la piña.

Satisfacción por el trabajo bien hecho

Con esto por fin estaba contento, creía que por fin había cerrado el círculo y tenía la obra que quería, pero claro todo estaba en mi cabeza, faltaba ver como quedaría todo el conjunto instalado en la sala.
No puedo estar más contento de como quedó, incluso mejor de lo que me había imaginado.
Para instalar otras obras de la exposición me tuve que subir a una pasarela que pasa por encima de la sala y como eso ocurrió cuando el piñonero ya estaba instalado aproveche de tomar la siguiente foto, una pena que no haya acceso al público a la pasarela (es complicado llegar allí) porque da una visión totalmente diferente, por eso me encanta compartir esta foto que proporciona un ángulo que nadie más ha visto, a mi me parece que es el mejor que se puede tener para apreciar esta obra.


También me gusta mucho como quedó la zona del suelo. Sobre una peana plana blanca está el bol, con una sola piña dentro, rodeado de las baldosas de vidrio con el dibujo de las piñas, a manera de un mosaico, y las piñas naturales, pintadas en el tono azul del paño, colocadas a diferentes niveles aprovechando el empedrado y los escalones de los ladrillos antiguos del horno. Todo simbolizando que el paño es el pino del que han caído las piñas.


Con todas las fotos que he compartido en esta publicación y algunas más he montado un vídeo que se puede ver en mi canal de YouTube, aquí les dejo el enlace del vídeo https://youtu.be/nuk69nEEzqk

Hacer Piña


Al empezar la crisis del coronavirus, escuché varias veces la expresión 'Hacer piña' y , ya lo comenté antes, se refiere a esa maravillosa forma natural de las piñas, que a pesar de estar formada por un montón de piezas, cada una diferente, tiene la facultad de que siempre se mantienen unidas, como una sola. Pues esa piña que se pedía para ayudar a superar esta crisis, al menos aquí en España, saltó por los aires, cada escama cayó por su lado, así seguimos y no parece que haya forma de recomponerse.

En esos días del principio de la crisis, cuando unos cuantos soñadores creían que el mundo sería mejor y que todos y cada uno de nosotros volveríamos a la calle convertidos en personas ejemplares de los pies a la cabeza, la psicóloga italiana Francesca Morelli publicó el siguiente texto, justamente pidiendo hacer piña, se hizo viral en las redes sociales y se los transcribo a continuación, porque me gusto mucho cuando lo leí y lo guardé para compartilo en este momento.
https://www.facebook.com/IlBlogDellaPsicologa/posts/2490728477923163?__tn__=K-R

'La Piña' - acrílico sobre lienzo de la serie 'Puntadas sin Hilo'


“Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar...

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando...

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.

En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no) espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos porqué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todos ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia, a un alto precio."



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Hasta luego y ser felices,

Reinaldo Zamora Pérez

martes, 7 de julio de 2020

Puntadas sin hilo

Cuando era un niño mi madre cosía para fábricas, vestidos femeninos, llevaba el paquete con los vestidos terminados y volvía con el paquete con las telas cortadas y con todo lo necesario para confeccionarlos: botones, hilos, encajes, telas, patrones, etc. Cosía en su máquina Singer, la clásica negra con dorado con mueble de madera y hierro fundido. Al final de cada lote de costura quedaban piezas que pasaban a engrosar el costurero de mi madre, como ya lo conté en https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/05/gavetas.html

Pasados los años, aunque mi madre ya no cosía para fábricas y a que aprovechaba todo, seguían guardados un montón de retales de telas diferentes. A insistencia mía, accedió a hacer una colcha de parches, ella no sabía que era eso, se lo expliqué, porque lo había visto en algún sitio, y me puse a ayudarla, le cortaba las telas y ella las cosía; así que entre los dos hicimos una colcha de 'Patchwork', sin saber que se llamaba así a esa técnica.

Yo era joven, seguramente fue a finales de los 70's o principios de los 80's, porque me independicé a los 25, y eso fue antes de irme de la casa materna. Cuando nos mudamos a España, la colcha se quedó en Venezuela, porque ya tenía muchos años y estaba bastante gastada, así que no sabemos a dónde fue a parar.

Esa experiencia, que recuerdo con especial cariño porque fue algo que hicimos en conjunto mi madre y yo, me ha inspirado esta serie de cuadros que he pintado con la técnica de acrílico sobre lienzo, donde busco imitar los parches de tela con costuras pintadas. Una serie a la que he llamado 'Puntadas sin hilo', recordando la técnica del patchwork, donde he destacado el efecto de las costuras para que se vean, aunque sean pintadas.

Una ampliación de uno de los cuadros para que se puedan observar mejor las puntadas sin hilo.



Las primeras 'Puntadas sin Hilo'

Durante el año 2019, pasando una temporada en Canarias, pero ya con 'Hilos de la Memoria' en mente y las fechas de la exposición fijada, tenía que hacer algo manual, pero allí no tenía los materiales necesarios para trabajar (ni el vidrio, ni los ganchillos de mi madre), pero si podía pintar.

Necesitaba pintar unos cuadros para un piso que estaba decorando, y al estar conectado con el tema de la exposición y recordar lo de la colcha de patchwork, pinté los cuadros que les muestro a continuación, que, aunque no están en la exposición, si son el inicio de esta serie llamada 'Puntadas sin Hilo'.






La verdad que estaba muy entusiasmado con el resultado, cada vez que pintaba uno me gustaba más que el anterior, pero los creadores somos muy exigentes con nosotros mismos y si, eran muy bonitos. decorativos, tenían la anécdota del patchwork con mi madre pero, quería contar todavía más.

No necesitaba más lienzos, pero tenía unos marcos de fotos que estaban vacíos y pensé que les quedarían estupendas unas acuarelas originales pintadas por mi. Así que di otro salto, volví a mis inicios infantiles que fueron con acuarela, pero ahora con un propósito, esta serie de 'Puntadas sin Hilo' y el plus, que era incorporar una figura central al cuadro. Me puse con ello, primero fue un corazón, después una hoja, más tarde una caracola.

'Corazón' - acuarela sobre papel. Serie 'Puntadas sin hilo'


'Hoja' - acuarela sobre papel. Serie 'Puntadas sin hilo'


'Caracola' - acuarela sobre papel. Serie 'Puntadas sin hilo'


Y así fue como decidí que los cuadros que quería pintar para 'Hilos de la Memoria', además de recordar la anécdota del patchwork, también deberían tener un motivo central que contara otra historia.

En 'Hilos de la Memoria'

En esta muestra son nueve cuadros los de la serie 'Puntadas sin Hilo', y están distribuidos como se ve en el plano de la sala que mostramos a continuación, señalados en verde.



Los cuadros son los siguientes, por la derecha son estos seis: 'Piña', 'Lechosa', 'Caracola', 'Corazón', 'Isla bonita' y 'Hojarasca'.



Por la izquierda hay tres cuadros 'Superluna', 'Montaña de la Felicidad' y 'Pera y Manzana'.

Entre 'La Montaña de la Felicidad' y 'Pera y Manzana' está ubicada otra obra, que se llama 'No mires atrás'.



Piña

La historia con las piñas ya la conté en el 'Piñonero Azul', este cuadro con una piña, también azul, es una prolongación de aquella otra obra, de la que pueden leer y ver las fotos en https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/05/una-pina.html



Lechosa


En Antímano nuestra vecina Bibina tenía un enorme granado a la entrada de su casa, y en el patio de atrás tenía dos árboles de aguacates, será porque yo era pequeño, pero a mí me parecían gigantes, en temporada me asomaba a la ventana, me entretenía contando el montón de aguacates que colgaban de sus ramas. En la cosecha siempre nos regalaba, trato de recordar el rostro de Bibina y no lo consigo, sin embargo parece que estuviera probando ahora mismo el delicioso sabor de aquellas frutas jugosas, cada una con sus respectivos aroma a fruta madura.

En mi casa no faltaba la lechosa (papaya en España), a mi madre le encantaba, la comía a diario, las compraba verde y con el cuchillo le hacia cortes a lo largo de la piel para deslecharla. A mí no me gustaba la lechosa, aunque estuviera madura, ni que me la diera picadita, ni con azúcar. Lo que si me gustaba y me sigue gustando es el dulce de lechosa, aunque hace mucho que no lo como, se hace con la lechosa verde y es típico en Venezuela para la Navidad.

Cuando me vine a Madrid entendí el privilegio que representa vivir en un clima tropical, porque permite tener generosos frutales, que con poco cuidado dan una cosecha espléndida de frutos hermosos. Recuerdo un árbol de mango en cada esquina y lechosas, con sus frutos grandes, carnosos, con mucho que comer y sabor a fruta de verdad. Ahora quisiera comer de aquellas lechosas que antes despreciaba.




La Caracola 


Ir a la playa era lo mejor del mundo, teníamos pocas oportunidades de hacerlo, porque, aunque no era lejos, mi madre nunca tuvo coche ni aprendió a conducir así que teníamos que esperar a que familia, amigos o vecinos nos invitaran. Teníamos unos primos que vivían en Las Salinas y allí fue donde más veces fui a la playa. Desde el momento que llegaba no salía del agua, me tenían que obligar para salir a comer o a descansar.

No quería comer en la playa porque luego había que esperar dos horas, ¡dos largas horas!, para hacer la digestión y poder volver al agua, así que ese tiempo lo dedicaba a buscar entre la arena, porque recuerdo que en aquella época la orilla siempre estaba llena de tesoros, conchas marinas o trozos de vidrio matizados por el roce de las olas del mar, los recogía y hacía colección, otra cosa que se perdió con las mudanzas. Ahora cuando voy a la playa no encuentro tesoros, solamente colillas y basura plástica. 



Corazón

Después de años de luto riguroso, por la muerte de mis abuelos, primero su madre y sin terminar el luto por ella, su padre, por fin se lo quitó, dijo que no se volvería a vestir de luto, y llegó el color. Muchas veces con combinaciones que en principio a mi me parecían estridentes, que yo, dentro de mi inocencia y curiosidad le cuestionaba, pero ella se mantenía en sus trece, colores muy alegres, vivos, con muchas flores, pero no solo en una prenda, que podía estar bien, sino que se las ponía una sobre la otra, al mismo tiempo, cada una con estampados diferentes y gamas de colores distintos.

Así aprendí a mirar el mundo de otra manera y a procurar apreciar cada matiz aunque en principio no me parezca que combinen.




'Isla Bonita' / 'Hojarasca'

La 'Isla Bonita' y 'Hojarasca' son los dos cuadros siguientes, cada uno de ellos tiene una entrada especifica en este blog.
'Isla Bonita' https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/06/la-isla-bonita.html
'El Crujir de la Hojarasca' https://elblogderennyzam.blogspot.com/2020/06/el-crujir-de-la-hojarasca.html



Del otro lado

Vamos ya con los del lado izquierdo: 'Superluna', 'Montaña de la Felicidad' y 'Pera y Manzana'





Superluna


Recuerdo que los años que mi madre vivió en Candelaria, en Tenerife, fueron sus años más felices, a pesar de que ya era mayor y se puede pensar que la falta de juventud era una desventaja, y claro el tener lejos a sus hijos y nietos era una gran contrariedad, pero sin embargo creo que la libertad de movimiento compensaba cualquier aspecto negativo, se lo notaba cuando hablaba con ella o cuando la iba a visitar.

Por primera vez era independiente, sin preocupaciones por el dinero, tenía su pequeña pensión que le era más que suficiente, le daba independencia económica, sin tener que trabajar más, con tiempo y un poquito de dinero, estando en un sitio con todo a mano, y que lo que más le preocupaba, que eran los achaques, porque era bastante hipocondríaca, tenía muy a mano el centro de salud, la farmacia y el resto de servicios, como los supermercados o la panadería, podía ir a hacer todo caminando.

Iba a los bailes semanales en el Centro de Mayores 'Antón Guanche', que le quedaba al cruzar la calle, y su preocupación durante la semana era saber que se iba vestir para el baile o los paseos con el hogar del mayor, así que cada semana me decía que se había comprado algo, una blusa, una falda  lo que fuera.

El apartamento de Candelaria tiene vistas espectaculares, al mar, mi madre estaba encantada con vivir allí, y cada luna llena, desde su ventana parece una superluna.




La Montaña de la Felicidad






Pera y Manzana

Este cuadro lo hice como una versión de una acuarela que pinté, hace muchos años, que también está en la exposición y de la que hablaré en otra entrada dedicada a mi madrina Juana. 



El décimo

Hay un décimo cuadro de la serie 'Puntadas sin hilo', el más grande, pero forma parte de una instalación que se llama 'Escalera al Cielo', de la que todavía no he publicado en el blog. El cuadro se llama 'Nube' y hace de cielo en la mencionada instalación.





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Lo más emocionante de todo este proceso es cuando los visitantes, en vivo o virtuales, nos cuentan sus propias memorias.

Hasta luego y ser felices,

Reinaldo Zamora Pérez